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viernes, 30 de enero de 2009

El intercambio, una película con valores

No estamos frente a cualquier película. Se trata de una obra llena de genialidad, por su producción, dirección, guión e interpretación. Puede que a muchos no les convenza, pero a mí, saber que está basada en un hecho real me estremece. Una magistral puesta en escena de la corrupción policial en los años veinte y como el sistema logra desentrañar la madeja. Qué quieren que les diga, me resulta gratificante saber que con la mierda algunas veces tirar de la cadena es más que suficiente.

Por otra parte encontrarme frente a una madre soltera, trabajadora y fiel cumplidora de todas sus obligaciones, me sitúa delante de un canto a la vida. Porque se trata de una película que reivindica la vida y el amor maternal. Una madre que encuentra su mejor apoyo en un predicador de la iglesia evangélica, quien utilizando la radio para sus homilías se sirve también de la misma para denunciar la corrupción en la ciudad.

El argumento es un verdadero drama. Los Ángeles, años 20. Un fatídico día, al regresar del trabajo, Christine descubre que su hijo ha desaparecido. Nada más denunciar el suceso, la policía inicia una minuciosa pero infructuosa búsqueda. El caso da un giro cuando, meses después, los agentes llevan ante Christine a un chaval de nueve años que dice ser su hijo. Convencida de que no es la madre de ese niño, será acusada de perturbada mental por las autoridades y luchará por saber la verdad con la única ayuda del reverendo Briegleb.

Miren es un papel hecho a la medida de cualquier actriz que quiera demostrar su talento, pero en cuestión de gustos ya saben, colores. Agelina Jolie realiza lo que puede que sea su mejor incursión en el drama. Un papel que le va como un guante y puede que incluso le otorgue el Óscar. Yo desde luego apuesto por la película, por su director y productor Clint Eastwood, sin descartar al inquietante John Malkovich en su papel de predicador.

Es una película sobre el amor y los valores auténticos, pero también un retrazo de historia de la América de los años veinte y treinta. Muy bien ambientada con un guión trabajado que mantiene la atención del espectador llenándolo de sentimientos tan encontrados como la ternura o la aversión. Porque frente al mal, siempre cabe la pregunta: ¿cómo es posible hacer semejantes cosas?.

Ciento cuarenta minutos de intensidad dramática resuelta con brillantez, aunque la historia por real, no deje de provocar cierta tristeza. Recomiendo a los amantes de las películas con consistencia que visionen El Intercambio. Absténganse los detractores de Angelina Jolie o John Malkovich, porque les verán fuera de sus registros habituales. Pero sólo por eso, ya vale la pena ir a ver la película.

Yo me quedo con algunas frases memorables. “Mamá por qué me abandonó papá”. “No te abandonó cariño, tu viniste con un paquete que el no quiso adquirir, un paquete llamado responsabilidad”. No les parece genial. Una madre soltera dispuesta a hacer frente a la vida y educar a un niño ella sola. Frases así, hacen que se recuerde siempre una película.

No se priven de ver como la fuerza de los ciudadanos da un giro a la historia cuando todo parece perdido. La gente cuando se une puede hacer cosas maravillosas o terribles, en este caso sacan lo mejor de sí mismos. Todo un bloque de valores para reflexionar en familia, desde los más pequeños a los mayores. Ya me cuentan

sábado, 29 de noviembre de 2008

El Greco, una vida novelada

Con este temporal por la calle y por todos los medios, más vale hacer un paréntesis. Arrecian las huestes laicistas arengando al personal a sublevarse contra los símbolos religiosos. Se ve que no tienen otra cosa mejor que hacer que dejar caer su inquina atea. No hay propuestas para salir de la crisis, no hay ideas sanas expuestas para el bien común de todos los españoles. Hay, eso sí, mucha mala baba y ganas de seguir mareando la perdiz.

Mientras el circo mediático nos subyuga con series que buscan resaltar la bondad y la maldad en un maniqueísmo vergonzoso, algunos apostamos por seguir pendientes de la cultura. Y como el cine es el séptimo arte, allí encuentras momentos para reflexionar sobre lo humano y lo divino. Es un proceso diferente al de la literatura pero que sirve al mismo fin: ponerse en la piel de otro. Eso es lo que hace un artista, escritor, guionista o director.

He renunciado a ver algunas películas por cansancio. Más de lo mismo ya no lo aguanto. Pero El Greco reúne la historia y la pintura. Así que pese a la visión morbosa de su corto, decidí visionar el espectáculo. Aconsejo ir a verla, con reservas, todas las que se refieren a esa novelada relación del pintor con la iglesia. Aquí de nuevo encontramos la misma mirada que en “Los fantasmas de Goya”, la inquisición como botón de muestra de una religión fanática y desalmada.

Pero es una obra bien narrada, muy cuidada en su diseño artístico e interpretada con esmero. Tiene el aliciente de una banda sonora compuesta por Vangelis. Hasta ahí todo bien. Me gusta el planteamiento de unir la vida del autor a un personaje religioso. Es un acierto narrativo que nos permite seguir al pintor desde su Creta natal hasta Toledo. Pero agobia la frialdad con la que se aborda la fe, profundamente cuestionada por un inquisidor amante del arte o del artista. Una termina como el propio Greco, no el real, sino el de la ficción, preguntándose qué quiere el clérigo de marras.

Sin embargo, no les voy a contar el desenlace. Pero sí algunas cuestiones personales del pintor, como puede ser el amancebamiento con Jerónima, la mujer que comparte la mayor parte de su vida, que no sé si son ciertas o inventadas. Pero visto como presentan el tema religioso, mejor dudar que no dar por supuestas unas relaciones extramatrimoniales que son inimaginables en la España del Concilio de Trento. Eso, en cambio, viene bien para fomentar la simpatía hacia el artista, llevándolo más allá del bien y del mal, siguiendo los patrones del relativismo actual.

Dicho esto, vuelvo a insistir que es una gran película. Tiene todo lo que se necesita para conseguir un premio. Historia, amor, odio, ambición, fe, inquisición, arte. ¿Quién puede ofrecer más?. Está bien construida, es original hasta para justificar el arte del Greco, donde los personajes más bajos y viles, se transforman por la gracia de la pintura en santos y nobles. Mientras que el alma del inquisidor es retratada en el lienzo con toda la crudeza de su mal corazón.

Son juicios de valor muy sutiles, pero que hay que tener en cuenta, para saltar un poco de la superficie al fondo. No nos dejemos engañar por el arte que siempre finge imitando la realidad. El Greco es puro arte, con ribetes históricos para centrar al personaje. Pero el guión es una página más que añadir al adoctrinamiento laicista, subvencionado por el Estado.

Yo les recomiendo que disfruten de la pintura, de los diálogos, del ambiente que supone conocer por dentro el taller de un artista renacentista como Tiziano y su escuela veneciana. Pero no crean que están viendo un trozo de historia, allí donde todo es puro artificio imaginado, salvo las pinturas que son fieles reproducciones de los originales de Doménikos Teotokopoulos y de Tiziano.

El Greco, una vida novelada

Con este temporal por la calle y por todos los medios, más vale hacer un paréntesis. Arrecian las huestes laicistas arengando al personal a sublevarse contra los símbolos religiosos. Se ve que no tienen otra cosa mejor que hacer que dejar caer su inquina atea. No hay propuestas para salir de la crisis, no hay ideas sanas expuestas para el bien común de todos los españoles. Hay, eso sí, mucha mala baba y ganas de seguir mareando la perdiz.

Mientras el circo mediático nos subyuga con series que buscan resaltar la bondad y la maldad en un maniqueísmo vergonzoso, algunos apostamos por seguir pendientes de la cultura. Y como el cine es el séptimo arte, allí encuentras momentos para reflexionar sobre lo humano y lo divino. Es un proceso diferente al de la literatura pero que sirve al mismo fin: ponerse en la piel de otro. Eso es lo que hace un artista, escritor, guionista o director.

He renunciado a ver algunas películas por cansancio. Más de lo mismo ya no lo aguanto. Pero El Greco reúne la historia y la pintura. Así que pese a la visión morbosa de su corto, decidí visionar el espectáculo. Aconsejo ir a verla, con reservas, todas las que se refieren a esa novelada relación del pintor con la iglesia. Aquí de nuevo encontramos la misma mirada que en “Los fantasmas de Goya”, la inquisición como botón de muestra de una religión fanática y desalmada.

Pero es una obra bien narrada, muy cuidada en su diseño artístico e interpretada con esmero. Tiene el aliciente de una banda sonora compuesta por Vangelis. Hasta ahí todo bien. Me gusta el planteamiento de unir la vida del autor a un personaje religioso. Es un acierto narrativo que nos permite seguir al pintor desde su Creta natal hasta Toledo. Pero agobia la frialdad con la que se aborda la fe, profundamente cuestionada por un inquisidor amante del arte o del artista. Una termina como el propio Greco, no el real, sino el de la ficción, preguntándose qué quiere el clérigo de marras.

Sin embargo, no les voy a contar el desenlace. Pero sí algunas cuestiones personales del pintor, como puede ser el amancebamiento con Jerónima, la mujer que comparte la mayor parte de su vida, que no sé si son ciertas o inventadas. Pero visto como presentan el tema religioso, mejor dudar que no dar por supuestas unas relaciones extramatrimoniales que son inimaginables en la España del Concilio de Trento. Eso, en cambio, viene bien para fomentar la simpatía hacia el artista, llevándolo más allá del bien y del mal, siguiendo los patrones del relativismo actual.

Dicho esto, vuelvo a insistir que es una gran película. Tiene todo lo que se necesita para conseguir un premio. Historia, amor, odio, ambición, fe, inquisición, arte. ¿Quién puede ofrecer más?. Está bien construida, es original hasta para justificar el arte del Greco, donde los personajes más bajos y viles, se transforman por la gracia de la pintura en santos y nobles. Mientras que el alma del inquisidor es retratada en el lienzo con toda la crudeza de su mal corazón.

Son juicios de valor muy sutiles, pero que hay que tener en cuenta, para saltar un poco de la superficie al fondo. No nos dejemos engañar por el arte que siempre finge imitando la realidad. El Greco es puro arte, con ribetes históricos para centrar al personaje. Pero el guión es una página más que añadir al adoctrinamiento laicista, subvencionado por el Estado.

Yo les recomiendo que disfruten de la pintura, de los diálogos, del ambiente que supone conocer por dentro el taller de un artista renacentista como Tiziano y su escuela veneciana. Pero no crean que están viendo un trozo de historia, allí donde todo es puro artificio imaginado, salvo las pinturas que son fieles reproducciones de los originales de Doménikos Teotokopoulos y de Tiziano.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Revisionismo histórico: "Los girasoles ciegos"



El cine español nos vuelve a meter en el túnel del tiempo para revivir los años inmediatamente posteriores al conflicto civil del treinta y seis en España. Es curioso que el revisionismo histórico siempre se realice sobre la misma esquina ideológica. La sufrida población de izquierdas, machacada por los nacionales. Tengo que reconocer que el guión, la interpretación y la factura de la película son excelentes. Puede concursar con dignidad en cualquier certamen internacional. El libro homónimo de Alberto Méndez ha servido para montar un buen guión llevado de la mano magistral de Rafael Azcona. La dirección de José Luis Cuerda, con una excelente fotografía y música, contribuyen a la excelente factura del flim.

La película muestra la cara de la derrota y la cara de la victoria, pero de modo muy parcial. Todas las guerras son tristes y la nuestra entre hermanos regó los campos de España con sangre inocente de un lado y otro. Esa es la gran película que todavía no se ha hecho. La que muestre la barbarie en ambos lados y no nos deje con una interpretación sesgada de la realidad. Eso no lo consigue esta película, como ninguna otra de las que se han emitido hasta ahora.

Los girasoles ciegos, sirven para presentarnos a un seminarista repelente, que proyecta una imagen negativa hacia toda la institución eclesial y además, apunta hacia el nacionalcatolicismo con una saña verdaderamente canalla. Un ser abyecto que abandonó el seminario para ganar la guerra pistola en mano. Que confiesa haber matado y fusilado a muchos hombres; que no sabe rehacer su vida y que ni tan siquiera está seguro de su vocación. El morbo, como no podía ser de otro modo, viene aparejado por su voto de castidad que azuza su lujuria obsesiva hacia el personaje interpretado por Maribel Verdú.

Me entristece que se esté dando una imagen desfasada de la realidad. La historia de la película no es un relato biográfico y sin embargo, la gente sale completamente convencida de que la vida con Franco era así, con esa mezcolanza de sadismo y patriotismo fanático. No es por tanto una película para la reconciliación, sino para dejar un homenaje a los perdedores, como viene siendo habitual durante estos treinta años de democracia.

La trasgresión que le falta al cine y a la novela española es la de meterse en la piel del otro lado. La de los miles de religiosos y religiosas, sacerdotes y creyentes, que fueron ajusticiados exclusivamente por su fe. Junto a otros muchos inocentes que estaban en el lado equivocado de la contienda. Esos meses de julio y agosto del treinta y seis, están escritos con sangre de civiles cuyo único delito fue pensar y sentir de modo diferente a quienes les gobernaban en ese momento. A ellos les sacaron de su casa, no pudieron defenderse y merecen ser honrados por todos nosotros.

Creo que el verdadero revisionismo histórico está en considerar víctimas inocentes a unos y a otros. Pero si ello no fuera posible, al menos que alguien se atreva a adaptar “Muerte a los curas” de Martín Vigil; “Los cipreses creen en Dios” de José María Gironella. Y muchas otras obras que forman parte del patrimonio literario de todos los españoles. Pero nos presentan la otra cara de la moneda, la que ahora se oculta por extraños sentimientos de culpa, de vergüenza o de miedo al pensamiento dominante.

No estaría de más que junto a las series españolas que están revisando el pasado, volvieran a salir películas que educaron a unas cuantas generaciones y que hoy se considerarán insólitas, aunque forman parte de nuestra historia. Una visión sesgada lleva hacia el fanatismo y hoy más que nunca es necesario recordar que la Ley de amnistía de 1.977 liberó de la cárcel a todos los presos políticos.

Es hora por tanto de vivir la democracia y olvidar el pasado. Si acaso queremos rescatarlo no seamos mezquinos viendo exclusivamente una sola esquina. Hace falta reconciliación y grandeza de miras para pasar página y no azuzarnos los viejos fantasmas.

Revisionismo histórico: "Los girasoles ciegos"



El cine español nos vuelve a meter en el túnel del tiempo para revivir los años inmediatamente posteriores al conflicto civil del treinta y seis en España. Es curioso que el revisionismo histórico siempre se realice sobre la misma esquina ideológica. La sufrida población de izquierdas, machacada por los nacionales. Tengo que reconocer que el guión, la interpretación y la factura de la película son excelentes. Puede concursar con dignidad en cualquier certamen internacional. El libro homónimo de Alberto Méndez ha servido para montar un buen guión llevado de la mano magistral de Rafael Azcona. La dirección de José Luis Cuerda, con una excelente fotografía y música, contribuyen a la excelente factura del flim.

La película muestra la cara de la derrota y la cara de la victoria, pero de modo muy parcial. Todas las guerras son tristes y la nuestra entre hermanos regó los campos de España con sangre inocente de un lado y otro. Esa es la gran película que todavía no se ha hecho. La que muestre la barbarie en ambos lados y no nos deje con una interpretación sesgada de la realidad. Eso no lo consigue esta película, como ninguna otra de las que se han emitido hasta ahora.

Los girasoles ciegos, sirven para presentarnos a un seminarista repelente, que proyecta una imagen negativa hacia toda la institución eclesial y además, apunta hacia el nacionalcatolicismo con una saña verdaderamente canalla. Un ser abyecto que abandonó el seminario para ganar la guerra pistola en mano. Que confiesa haber matado y fusilado a muchos hombres; que no sabe rehacer su vida y que ni tan siquiera está seguro de su vocación. El morbo, como no podía ser de otro modo, viene aparejado por su voto de castidad que azuza su lujuria obsesiva hacia el personaje interpretado por Maribel Verdú.

Me entristece que se esté dando una imagen desfasada de la realidad. La historia de la película no es un relato biográfico y sin embargo, la gente sale completamente convencida de que la vida con Franco era así, con esa mezcolanza de sadismo y patriotismo fanático. No es por tanto una película para la reconciliación, sino para dejar un homenaje a los perdedores, como viene siendo habitual durante estos treinta años de democracia.

La trasgresión que le falta al cine y a la novela española es la de meterse en la piel del otro lado. La de los miles de religiosos y religiosas, sacerdotes y creyentes, que fueron ajusticiados exclusivamente por su fe. Junto a otros muchos inocentes que estaban en el lado equivocado de la contienda. Esos meses de julio y agosto del treinta y seis, están escritos con sangre de civiles cuyo único delito fue pensar y sentir de modo diferente a quienes les gobernaban en ese momento. A ellos les sacaron de su casa, no pudieron defenderse y merecen ser honrados por todos nosotros.

Creo que el verdadero revisionismo histórico está en considerar víctimas inocentes a unos y a otros. Pero si ello no fuera posible, al menos que alguien se atreva a adaptar “Muerte a los curas” de Martín Vigil; “Los cipreses creen en Dios” de José María Gironella. Y muchas otras obras que forman parte del patrimonio literario de todos los españoles. Pero nos presentan la otra cara de la moneda, la que ahora se oculta por extraños sentimientos de culpa, de vergüenza o de miedo al pensamiento dominante.

No estaría de más que junto a las series españolas que están revisando el pasado, volvieran a salir películas que educaron a unas cuantas generaciones y que hoy se considerarán insólitas, aunque forman parte de nuestra historia. Una visión sesgada lleva hacia el fanatismo y hoy más que nunca es necesario recordar que la Ley de amnistía de 1.977 liberó de la cárcel a todos los presos políticos.

Es hora por tanto de vivir la democracia y olvidar el pasado. Si acaso queremos rescatarlo no seamos mezquinos viendo exclusivamente una sola esquina. Hace falta reconciliación y grandeza de miras para pasar página y no azuzarnos los viejos fantasmas.

viernes, 30 de mayo de 2008

Lars y una chica de verdad



Termino de salir del cine con la sensación de haber visto una película profunda, disfrazada de comedia intrascendente y liviana. “Lars y una chica de verdad”, nos adentra en el complejo mundo mental de un joven aparentemente normal y profundamente desequilibrado tras una infancia desgraciada.

“Lars siempre ha sido un tipo introvertido, pero ahora es feliz junto a Bianca, una chica a la que conoció por Internet. Cuando Lars se la presenta a su hermano Gus y a su cuñada Karin, ambos se escandalizan al ver que Bianca es una Real Doll, una muñeca de tamaño real hecha por encargo. Karin y Gus piden ayuda a la doctora Berman, quien les recomienda a ellos y al resto del pueblo que le sigan el juego a Lars. Poco a poco, Bianca se convierte en una habitante más, ganándose el corazón de todos.”

La excelente relación que se establece entra la médico encargada de Lars y el entorno familiar y social de joven, ofrecen una imagen de cohesión social que no es frecuente en nuestra sociedad. Creo que todos salimos del cine con la convicción de que Lars se ha podido curar gracias a la comprensión y el amor de sus familiares y vecinos.

Dolorosa realidad la de la incomunicación de emociones, que provoca delirios y patologías en nuestra sociedad, de las que con rapidez queremos deshacernos. Es la postura del hermano mayor en un primer momento, hasta que comprueba que él mismo forma parte del problema de su hermano. Excelente trabajo la de todos los participantes de la cinta.

Se nos presenta un mundo donde cada persona convive con sus particulares rarezas y todas ellas son aceptadas por la comunidad. Suenan carcajadas en los primeros momentos de la cinta, para pasar a una enorme carga dramática que nos revuelve en el asiento, compadecidos y extrañados del fenómeno de Lars.

La religión está presente en la vida cotidiana de la comunidad y forma parte del mundo de Lars. Es una comunidad cristiana y en ella las palabras del sacerdote tienen el valor terapéutico del Evangelio. Ser útil a la comunidad aunque se trate de una Reall Doll es el objetivo principal de cada uno de los vecinos que se relacionan con Lars.

Aunque es tolerada a menores, me temo que el tema no agrade a los más pequeños y tampoco sea entendido. Pese a ser una comedia con ribetes dramáticos, el problema principal es la falta de comunicación emocional de un joven que soporta el peso de la muerte de su madre en su propio nacimiento. El sentimiento de culpa, la soledad, la falta de amor, todo le lleva hacia el delirio de esta historia con final feliz.

Ni la fotografía, ni la banda sonora han merecido mi atención. De manera que poco puedo decir sobre ambas. Pero a favor de la película, completamente delirante en su planteamiento, puedo decir que subyace una historia con un fondo moral positivo. La enfermedad mental puede y debe ser tratada por toda la comunidad, de manera que se acepte como trastorno transitorio aquellas anomalías que muchos seres llevan a cuestas. Una vida equilibrada en el trabajo y en la familia, supera cualquier contrariedad.

Animo a todos a lanzarse a la aventura delirante de seguir a Lars, que enamora y conquista al espectador desde el mismo momento de aparecer en escena.

Lars y una chica de verdad



Termino de salir del cine con la sensación de haber visto una película profunda, disfrazada de comedia intrascendente y liviana. “Lars y una chica de verdad”, nos adentra en el complejo mundo mental de un joven aparentemente normal y profundamente desequilibrado tras una infancia desgraciada.

“Lars siempre ha sido un tipo introvertido, pero ahora es feliz junto a Bianca, una chica a la que conoció por Internet. Cuando Lars se la presenta a su hermano Gus y a su cuñada Karin, ambos se escandalizan al ver que Bianca es una Real Doll, una muñeca de tamaño real hecha por encargo. Karin y Gus piden ayuda a la doctora Berman, quien les recomienda a ellos y al resto del pueblo que le sigan el juego a Lars. Poco a poco, Bianca se convierte en una habitante más, ganándose el corazón de todos.”

La excelente relación que se establece entra la médico encargada de Lars y el entorno familiar y social de joven, ofrecen una imagen de cohesión social que no es frecuente en nuestra sociedad. Creo que todos salimos del cine con la convicción de que Lars se ha podido curar gracias a la comprensión y el amor de sus familiares y vecinos.

Dolorosa realidad la de la incomunicación de emociones, que provoca delirios y patologías en nuestra sociedad, de las que con rapidez queremos deshacernos. Es la postura del hermano mayor en un primer momento, hasta que comprueba que él mismo forma parte del problema de su hermano. Excelente trabajo la de todos los participantes de la cinta.

Se nos presenta un mundo donde cada persona convive con sus particulares rarezas y todas ellas son aceptadas por la comunidad. Suenan carcajadas en los primeros momentos de la cinta, para pasar a una enorme carga dramática que nos revuelve en el asiento, compadecidos y extrañados del fenómeno de Lars.

La religión está presente en la vida cotidiana de la comunidad y forma parte del mundo de Lars. Es una comunidad cristiana y en ella las palabras del sacerdote tienen el valor terapéutico del Evangelio. Ser útil a la comunidad aunque se trate de una Reall Doll es el objetivo principal de cada uno de los vecinos que se relacionan con Lars.

Aunque es tolerada a menores, me temo que el tema no agrade a los más pequeños y tampoco sea entendido. Pese a ser una comedia con ribetes dramáticos, el problema principal es la falta de comunicación emocional de un joven que soporta el peso de la muerte de su madre en su propio nacimiento. El sentimiento de culpa, la soledad, la falta de amor, todo le lleva hacia el delirio de esta historia con final feliz.

Ni la fotografía, ni la banda sonora han merecido mi atención. De manera que poco puedo decir sobre ambas. Pero a favor de la película, completamente delirante en su planteamiento, puedo decir que subyace una historia con un fondo moral positivo. La enfermedad mental puede y debe ser tratada por toda la comunidad, de manera que se acepte como trastorno transitorio aquellas anomalías que muchos seres llevan a cuestas. Una vida equilibrada en el trabajo y en la familia, supera cualquier contrariedad.

Animo a todos a lanzarse a la aventura delirante de seguir a Lars, que enamora y conquista al espectador desde el mismo momento de aparecer en escena.