domingo, 8 de abril de 2007

Teresa: La imaginación de Ray Loriga



Ya he visto “Teresa el cuerpo de Cristo”. Confieso que iba con muchos prejuicios, sólo el cartel de la película y las imágenes de promoción, me hicieron sospechar de una cinta con buen vestuario, excelente factura artística y nulo contenido sobre la experiencia mística. Visto lo visto, tengo la seguridad de que Ray Loriga no tiene ni idea de lo que fue el Siglo de Oro ni la importancia de la reforma en el Carmelo. Ignoro de donde salen las fuentes en las que se basa el guionista para enclaustrar a Teresa como resultas de un lance amoroso. De ahí en adelante todo es puro desatino que trata de unir el rigor histórico con la libertad creativa, dejando en evidencia la realidad y dando paso a la fantasía.

El vestuario tiene una excelente factura, pero no le va a la austeridad castellana y mucho me temo que nada tiene que ver con la realidad. El fenómeno místico es enlazado con la sensualidad y el erotismo. Los iluminados son sadomasoquistas. La inquisición un poder dentro de la Iglesia que hace temblar al propio Francisco de Borja, un jesuita ex duque de Gandia que aparece con treinta años, sin una cana. Teniendo en cuenta que tuvo varios hijos dentro de un matrimonio bendecido por el propio Carlos I, que fue preceptor de Felipe II, que enviudó y mucho después decidió hacerse jesuita, cuesta imaginar su presencia tal y como nos la presentan. Todo eso lo desconoce el espectador que no haya estudiado algo de historia y por supuesto leído a Santa de Ávila.

Es impensable que alguien salga con una idea de lo que es un éxtasis y la unión mística entre un alma y Dios. He indagado opiniones y las más favorables destacan lo acertado de la visión del poder temporal, las intrigas y los abusos eclesiásticos. De ahí que sientan simpatía por la personalidad de Teresa que se sobrepone a todas las adversidades. Lamento decir que Paz Vega aparece en todo momento con la misma edad. Teresa entró en la Encarnación con dieciocho años y no fue hasta los cuarenta cuando se produjo en ella su idea de la Reforma del Carmelo. En ese paréntesis se desarrolla toda la película, dejando lo más importante, la literatura de la Santa a la que se alude con una voz en Of. y unas imágenes hiper-realistas que más que aclarar confunden el sentido de su poesía. Por no mencionar que entender a Teresa lleva hacia San Juan de la Cruz, quien en este paréntesis biográfico que excluido.

Me he sentido decepcionada y sólo pido al futuro espectador que no tome esas imágenes como un relato histórico. No lo son, sólo lo aparentan, todo es puro fingimiento. No cabe en la cabeza que Teresa asistiera a un parto dentro de la Encarnación, por muy relajado que fuera el ambiente. La representación de los arrobos místicos de la santa semejan ataques epilépticos, sueños onírico-eróticos. Dan pena las explicaciones de Teresa a sus confesores, que nos llevan a pensar en un perfil neurótico de la santa.

Si tuviera que elegir entre este zafio espectáculo y la Teresa de Jesús que tuvimos ocasión de ver en Televisión Española, sin duda alguna me quedaría con la versión de la pequeña pantalla y la interpretación de Concha Velasco. Fue mucho más digna.

Teresa: La imaginación de Ray Loriga



Ya he visto “Teresa el cuerpo de Cristo”. Confieso que iba con muchos prejuicios, sólo el cartel de la película y las imágenes de promoción, me hicieron sospechar de una cinta con buen vestuario, excelente factura artística y nulo contenido sobre la experiencia mística. Visto lo visto, tengo la seguridad de que Ray Loriga no tiene ni idea de lo que fue el Siglo de Oro ni la importancia de la reforma en el Carmelo. Ignoro de donde salen las fuentes en las que se basa el guionista para enclaustrar a Teresa como resultas de un lance amoroso. De ahí en adelante todo es puro desatino que trata de unir el rigor histórico con la libertad creativa, dejando en evidencia la realidad y dando paso a la fantasía.

El vestuario tiene una excelente factura, pero no le va a la austeridad castellana y mucho me temo que nada tiene que ver con la realidad. El fenómeno místico es enlazado con la sensualidad y el erotismo. Los iluminados son sadomasoquistas. La inquisición un poder dentro de la Iglesia que hace temblar al propio Francisco de Borja, un jesuita ex duque de Gandia que aparece con treinta años, sin una cana. Teniendo en cuenta que tuvo varios hijos dentro de un matrimonio bendecido por el propio Carlos I, que fue preceptor de Felipe II, que enviudó y mucho después decidió hacerse jesuita, cuesta imaginar su presencia tal y como nos la presentan. Todo eso lo desconoce el espectador que no haya estudiado algo de historia y por supuesto leído a Santa de Ávila.

Es impensable que alguien salga con una idea de lo que es un éxtasis y la unión mística entre un alma y Dios. He indagado opiniones y las más favorables destacan lo acertado de la visión del poder temporal, las intrigas y los abusos eclesiásticos. De ahí que sientan simpatía por la personalidad de Teresa que se sobrepone a todas las adversidades. Lamento decir que Paz Vega aparece en todo momento con la misma edad. Teresa entró en la Encarnación con dieciocho años y no fue hasta los cuarenta cuando se produjo en ella su idea de la Reforma del Carmelo. En ese paréntesis se desarrolla toda la película, dejando lo más importante, la literatura de la Santa a la que se alude con una voz en Of. y unas imágenes hiper-realistas que más que aclarar confunden el sentido de su poesía. Por no mencionar que entender a Teresa lleva hacia San Juan de la Cruz, quien en este paréntesis biográfico que excluido.

Me he sentido decepcionada y sólo pido al futuro espectador que no tome esas imágenes como un relato histórico. No lo son, sólo lo aparentan, todo es puro fingimiento. No cabe en la cabeza que Teresa asistiera a un parto dentro de la Encarnación, por muy relajado que fuera el ambiente. La representación de los arrobos místicos de la santa semejan ataques epilépticos, sueños onírico-eróticos. Dan pena las explicaciones de Teresa a sus confesores, que nos llevan a pensar en un perfil neurótico de la santa.

Si tuviera que elegir entre este zafio espectáculo y la Teresa de Jesús que tuvimos ocasión de ver en Televisión Española, sin duda alguna me quedaría con la versión de la pequeña pantalla y la interpretación de Concha Velasco. Fue mucho más digna.

domingo, 1 de abril de 2007

¿Hacia donde va Europa?



Con cierto estupor advierto como vamos asistiendo paulatinamente a una globalización del pensamiento. La economía de mercado dicta comportamientos y actitudes que irradian hacia lo social. Lo que cuenta es ganar, más y mejor. Vencer al contrario, imponer los criterios. Alcanzar la fama no por lo que hacemos a favor de la sociedad, si no a costa de quien sea con tal de chupar pantalla. La sociedad del conocimiento sigue los principios del mercado. Accede a la información no cualquier ciudadano, si no un tipo de ciudadano medio, una clase social nueva, que ya no es ni estrictamente proletariado ni necesariamente burgués. Porque el mundo ha cambiado, las luchas sociales son ahora globales: los partidos se clasifican en liberales o progresistas, no en función de su ideario económico, que es el mismo para todos, sino por sus matices en política social. Ser progresista en nuestro país incluye aceptar el aborto, el matrimonio homosexual, el relativismo moral. Las apuestas en materia social inclinan la balanza de un lado u otro. Pero lo cierto es que hay una mentalidad global que impone sus criterios a la mayoría.

Una tiene en ocasiones la sensación de que nos presentan determinadas situaciones y así todos tenemos de qué hablar, mientras otros siguen practicando el juego económico, a ver si consiguen mejores beneficios. Mientras tanto en teoría seguimos debatiendo cuales son nuestros valores comunes. Hemos llegado al punto donde se reclama una identidad común, una ética común, una tolerancia común. Pero la sociedad nunca fue más plural. Con las distintas oleadas de inmigrantes, hemos solucionado el estado de bienestar por unos años. Y se ha abierto un nuevo frente que consiste en que los valores y las diferencias tienen que clarificarse. No todas las diferencias pueden ser admisibles.
Dar la voz a ETA o Al Qaeda, puede parecer legítimo dentro de una sociedad democrática, pero el límite lo impone quien dicta sus propuestas con las armas y no con las urnas. Si no tenemos claras esas referencias llegamos a ciertos absurdos jurídicos.

Hay que tener unos principios democráticos, donde se respete la dignidad del ser humano, la igualdad de varones y mujeres, la no discriminación por cuestiones étnicas o religiosas, un compendio de derechos humanos que afecten tanto a lo político como lo económico, lo social y lo cultural. Precisamente el tema cultural será la punta de lanza de los próximos años. Donde mejor se ve hacia donde camina la sociedad es en lo económico: ya hay comidas específicas de etnias concretas, comercios donde es posible encontrar carne sacrificada según el rito musulmán. Y El estado planea adecuar la educación a todos esos inmigrantes que traen sus costumbres y hábitos diferentes. ¿Se dará una aproximación entre culturas o se azuzará el odio interracial?.

Es tan acuciante la falta de principios sólidos que la propia Angela Merkel quiere relanzar el Tratado Constitucional. Europa parece hoy un barco a la deriva, lo económico ha perturbado la identidad cultural propia de todos los países que configuran la Unión Europea. Tenemos una moneda propia y un parlamento, pero la diversidad es cada día más patente. ¿Qué tengo yo en común con un musulmán polígamo?. ¿Debo aceptar su derecho a tener varias mujeres?. ¿Debo aceptar la ablación del clítoris porque forma parte de lo tribal?. El pensamiento puede girar en ambas direcciones y alguno puede que no entienda las clínicas abortivas, la promiscuidad sexual, el matrimonio homosexual, o el alejamiento del domicilio por violencia doméstica. Todo forma parte del conjunto de valores donde se haya formado la persona.

En esta tesitura hay que asirse fuertemente a los principios, so pena de caer derrotados por la abulia y el hedonismo. Y en esa encrucijada algunos hablan de Alianza de Civilizaciones, mientras otros ya están en la cuarta guerra mundial. La tercera puede que sea la que configura las luchas internas de poder: poder económico, poder político, poder social, poder religioso. Quien no tiene poder, la inmensa mayoría, solo es un peón en la gran partida. Y qué nos queda, salvo la fe y la esperanza de que Dios nunca abandona al ser humano. Pues concretamente la voz, esa que nunca se apaga porque forma parte de la impronta del ser humano. Mientras tengamos voz para denunciar los hechos, habrá un rayo de luz en la oscuridad.

¿Hacia donde va Europa?



Con cierto estupor advierto como vamos asistiendo paulatinamente a una globalización del pensamiento. La economía de mercado dicta comportamientos y actitudes que irradian hacia lo social. Lo que cuenta es ganar, más y mejor. Vencer al contrario, imponer los criterios. Alcanzar la fama no por lo que hacemos a favor de la sociedad, si no a costa de quien sea con tal de chupar pantalla. La sociedad del conocimiento sigue los principios del mercado. Accede a la información no cualquier ciudadano, si no un tipo de ciudadano medio, una clase social nueva, que ya no es ni estrictamente proletariado ni necesariamente burgués. Porque el mundo ha cambiado, las luchas sociales son ahora globales: los partidos se clasifican en liberales o progresistas, no en función de su ideario económico, que es el mismo para todos, sino por sus matices en política social. Ser progresista en nuestro país incluye aceptar el aborto, el matrimonio homosexual, el relativismo moral. Las apuestas en materia social inclinan la balanza de un lado u otro. Pero lo cierto es que hay una mentalidad global que impone sus criterios a la mayoría.

Una tiene en ocasiones la sensación de que nos presentan determinadas situaciones y así todos tenemos de qué hablar, mientras otros siguen practicando el juego económico, a ver si consiguen mejores beneficios. Mientras tanto en teoría seguimos debatiendo cuales son nuestros valores comunes. Hemos llegado al punto donde se reclama una identidad común, una ética común, una tolerancia común. Pero la sociedad nunca fue más plural. Con las distintas oleadas de inmigrantes, hemos solucionado el estado de bienestar por unos años. Y se ha abierto un nuevo frente que consiste en que los valores y las diferencias tienen que clarificarse. No todas las diferencias pueden ser admisibles.
Dar la voz a ETA o Al Qaeda, puede parecer legítimo dentro de una sociedad democrática, pero el límite lo impone quien dicta sus propuestas con las armas y no con las urnas. Si no tenemos claras esas referencias llegamos a ciertos absurdos jurídicos.

Hay que tener unos principios democráticos, donde se respete la dignidad del ser humano, la igualdad de varones y mujeres, la no discriminación por cuestiones étnicas o religiosas, un compendio de derechos humanos que afecten tanto a lo político como lo económico, lo social y lo cultural. Precisamente el tema cultural será la punta de lanza de los próximos años. Donde mejor se ve hacia donde camina la sociedad es en lo económico: ya hay comidas específicas de etnias concretas, comercios donde es posible encontrar carne sacrificada según el rito musulmán. Y El estado planea adecuar la educación a todos esos inmigrantes que traen sus costumbres y hábitos diferentes. ¿Se dará una aproximación entre culturas o se azuzará el odio interracial?.

Es tan acuciante la falta de principios sólidos que la propia Angela Merkel quiere relanzar el Tratado Constitucional. Europa parece hoy un barco a la deriva, lo económico ha perturbado la identidad cultural propia de todos los países que configuran la Unión Europea. Tenemos una moneda propia y un parlamento, pero la diversidad es cada día más patente. ¿Qué tengo yo en común con un musulmán polígamo?. ¿Debo aceptar su derecho a tener varias mujeres?. ¿Debo aceptar la ablación del clítoris porque forma parte de lo tribal?. El pensamiento puede girar en ambas direcciones y alguno puede que no entienda las clínicas abortivas, la promiscuidad sexual, el matrimonio homosexual, o el alejamiento del domicilio por violencia doméstica. Todo forma parte del conjunto de valores donde se haya formado la persona.

En esta tesitura hay que asirse fuertemente a los principios, so pena de caer derrotados por la abulia y el hedonismo. Y en esa encrucijada algunos hablan de Alianza de Civilizaciones, mientras otros ya están en la cuarta guerra mundial. La tercera puede que sea la que configura las luchas internas de poder: poder económico, poder político, poder social, poder religioso. Quien no tiene poder, la inmensa mayoría, solo es un peón en la gran partida. Y qué nos queda, salvo la fe y la esperanza de que Dios nunca abandona al ser humano. Pues concretamente la voz, esa que nunca se apaga porque forma parte de la impronta del ser humano. Mientras tengamos voz para denunciar los hechos, habrá un rayo de luz en la oscuridad.

sábado, 24 de marzo de 2007

De la Teología de la liberación a la Doctrina Social de la Iglesia



La noticia sobre el pronunciamiento de la Congregación para la Doctrina de la Fe condenando al teólogo Joan Sobrino ha abierto numerosos debates. Tendrán que aceptarlo, yo junto con muchos fieles que van un poco más allá del cumplimiento semanal, no por obligación sino por convencimiento, hemos oído hablar de la Teología de la liberación e incluso leímos es su momento artículos, entrevistas, cuadernos, de los exponentes de este movimiento.

Todavía queda en mi memoria la última entrevista que TVE hizo a Ignacio Ellacurría, pocos días antes de ser asesinado en la UCA del Salvador, por un grupo de paramilitares. Tal vez sería necesario recordar que las dictaduras del cono sur fueron una sangría en los años setenta y ochenta. Frente a ellas con la única arma de la palabra se situaron los religiosos y sacerdotes afines a los pobres, integrados en ellos, cuestionando los hábitos corruptos de la sociedad que olvidaba las necesidades vitales del pueblo. En ese contexto nació esa teología. Convencidos de que Cristo estaba en cada uno de los pobres indígenas explotados primero por el Colonialismo y después por los terratenientes de turno.

El espíritu surgía del Vaticano II, del que ahora muchos reniegan. Pero ese espíritu tras cuarenta años, está lleno de mártires por el Evangelio de los pobres. Era frecuente ser acusados de mezclar las cosas de Dios con las cosas terrenales, como si hubiera posibilidad de vivir un Evangelio al margen de la vida cotidiana. Robar al pobre y denunciarlo era subversión, violar a las indígenas y protestar, significaba alterar las costumbres ancestrales del poderoso de turno.

Los más duro es que se abrió una brecha entre la jerarquía eclesial y los presbíteros, religiosos y catequistas. En no pocos sitios fue el propio obispo quien denunció a su rebaño. En otros casos, como el de Monseñor Oscar Romero, se dio una verdadera conversión personal al servicio de los masacrados.

La nefasta influencia de EEUU que cedía sus instalaciones para preparar a torturadores de todas las dictaduras por ellos promovidas, tenía como obsesión desestabilizar los satélites de la Unión de Repúblicas Socialistas. En ese enfrentamiento que provenía de la dura guerra fría, el marxismo era el enemigo a derrotar y todo aquello que hablara de comunidades y socialización de los bienes, era subversivo por encontrar puntos de unión con la propaganda comunista. En esa encrucijada de caminos se situaron aquellos hombres y mujeres. Centenares dieron su vida a favor de la de los demás. Y allí surgió una serie de teólogos que hicieron de la palabra un espíritu profético. Jon Sobrino es una voz magistral que merece explicaciones sobre qué libros no tiene el plácet de Roma y el por qué tras más de treinta años la maquinaria Vaticana se pone en marcha en este preciso momento.

Para quienes viven en la frontera, donde no llega la sociedad del bienestar, es fácil identificarse en la lucha por los pobres, de aquellos que nada tienen.

Tal vez en el documento publicado por la Conferencia Episcopal frente a los cuarenta años del Concilio encontremos algunos de los puntos de fricción que más polémica ha causado dentro de la misma Iglesia:
En el centro de la catequesis se encuentra Cristo. El fin de la catequesis es conducir a la
comunión con Jesucristo, mediante una instrucción orgánica y completa en la que progresivamente se ha de «descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios». La alegría de Jesús, que da gracias al Padre por haber ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños (Mt 11, 25), se extiende a todos aquellos que participan en la misión salvífica de transmitir la fe. Esta alegría se ve truncada cuando determinadas maneras de catequizar, en lugar de favorecer el encuentro con Cristo vivo, lo retrasan o, incluso, lo impiden.
Determinadas presentaciones erróneas del Misterio de Cristo, que han pasado de ámbitos académicos a otros más populares, a la catequesis y a la enseñanza escolar, son motivo de tristeza. En ellos se silencia la divinidad de Jesucristo o se considera expresión de un lenguaje poético vacío de contenido real, negándose, en consecuencia, su preexistencia y su filiación divina. La muerte de Jesús es despojada de su sentido redentor y considerada como el resultado de su enfrentamiento a la religión. Cristo es considerado predominantemente desde el punto de vista de lo ético y de la praxis transformadora de la sociedad: sería simplemente el hombre del pueblo que toma partido por los oprimidos y marginados al servicio de la libertad.
La consecuencia de estas propuestas, contraria a la fe de la Iglesia, es la disolución del sujeto cristiano. La reflexión, que debería ayudar a dar razón de la esperanza (cf. 1 P 3, 15), se distancia de la fe recibida y celebrada. La enseñanza de la Iglesia y la vida sacramental se consideran alejadas, cuando no enfrentadas, a la voluntad de Cristo. El Cristianismo y la Iglesia aparecen como separables. Según los escritos de algunos autores, no estuvo en la intención de Jesucristo el establecer ni la Iglesia, ni siquiera una religión, sino más bien la liberación de la Religión y de los poderes constituidos. Conscientes de la gravedad de estas afirmaciones y del daño que causan en el pueblo fiel y sencillo, no podemos dejar de repetir con las palabras de la Carta a los Hebreos: Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será siempre. No os dejéis seducir por doctrinas varias y extrañas. Mejor es fortalecer el corazón con la gracia que con alimentos que nada aprovecharon a los que siguieron ese camino (Hb 13, 8-9).

Sin embargo, cuanto más profundizo en la Doctrina Social de la Iglesia, más me convenzo que de aplicarse al pie de la letra hoy en día volvería a ser la Iglesia la única voz que se alzara contra la globalización y las dictaduras economicistas que nos gobiernan.

De la Teología de la liberación a la Doctrina Social de la Iglesia



La noticia sobre el pronunciamiento de la Congregación para la Doctrina de la Fe condenando al teólogo Joan Sobrino ha abierto numerosos debates. Tendrán que aceptarlo, yo junto con muchos fieles que van un poco más allá del cumplimiento semanal, no por obligación sino por convencimiento, hemos oído hablar de la Teología de la liberación e incluso leímos es su momento artículos, entrevistas, cuadernos, de los exponentes de este movimiento.

Todavía queda en mi memoria la última entrevista que TVE hizo a Ignacio Ellacurría, pocos días antes de ser asesinado en la UCA del Salvador, por un grupo de paramilitares. Tal vez sería necesario recordar que las dictaduras del cono sur fueron una sangría en los años setenta y ochenta. Frente a ellas con la única arma de la palabra se situaron los religiosos y sacerdotes afines a los pobres, integrados en ellos, cuestionando los hábitos corruptos de la sociedad que olvidaba las necesidades vitales del pueblo. En ese contexto nació esa teología. Convencidos de que Cristo estaba en cada uno de los pobres indígenas explotados primero por el Colonialismo y después por los terratenientes de turno.

El espíritu surgía del Vaticano II, del que ahora muchos reniegan. Pero ese espíritu tras cuarenta años, está lleno de mártires por el Evangelio de los pobres. Era frecuente ser acusados de mezclar las cosas de Dios con las cosas terrenales, como si hubiera posibilidad de vivir un Evangelio al margen de la vida cotidiana. Robar al pobre y denunciarlo era subversión, violar a las indígenas y protestar, significaba alterar las costumbres ancestrales del poderoso de turno.

Los más duro es que se abrió una brecha entre la jerarquía eclesial y los presbíteros, religiosos y catequistas. En no pocos sitios fue el propio obispo quien denunció a su rebaño. En otros casos, como el de Monseñor Oscar Romero, se dio una verdadera conversión personal al servicio de los masacrados.

La nefasta influencia de EEUU que cedía sus instalaciones para preparar a torturadores de todas las dictaduras por ellos promovidas, tenía como obsesión desestabilizar los satélites de la Unión de Repúblicas Socialistas. En ese enfrentamiento que provenía de la dura guerra fría, el marxismo era el enemigo a derrotar y todo aquello que hablara de comunidades y socialización de los bienes, era subversivo por encontrar puntos de unión con la propaganda comunista. En esa encrucijada de caminos se situaron aquellos hombres y mujeres. Centenares dieron su vida a favor de la de los demás. Y allí surgió una serie de teólogos que hicieron de la palabra un espíritu profético. Jon Sobrino es una voz magistral que merece explicaciones sobre qué libros no tiene el plácet de Roma y el por qué tras más de treinta años la maquinaria Vaticana se pone en marcha en este preciso momento.

Para quienes viven en la frontera, donde no llega la sociedad del bienestar, es fácil identificarse en la lucha por los pobres, de aquellos que nada tienen.

Tal vez en el documento publicado por la Conferencia Episcopal frente a los cuarenta años del Concilio encontremos algunos de los puntos de fricción que más polémica ha causado dentro de la misma Iglesia:
En el centro de la catequesis se encuentra Cristo. El fin de la catequesis es conducir a la
comunión con Jesucristo, mediante una instrucción orgánica y completa en la que progresivamente se ha de «descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios». La alegría de Jesús, que da gracias al Padre por haber ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños (Mt 11, 25), se extiende a todos aquellos que participan en la misión salvífica de transmitir la fe. Esta alegría se ve truncada cuando determinadas maneras de catequizar, en lugar de favorecer el encuentro con Cristo vivo, lo retrasan o, incluso, lo impiden.
Determinadas presentaciones erróneas del Misterio de Cristo, que han pasado de ámbitos académicos a otros más populares, a la catequesis y a la enseñanza escolar, son motivo de tristeza. En ellos se silencia la divinidad de Jesucristo o se considera expresión de un lenguaje poético vacío de contenido real, negándose, en consecuencia, su preexistencia y su filiación divina. La muerte de Jesús es despojada de su sentido redentor y considerada como el resultado de su enfrentamiento a la religión. Cristo es considerado predominantemente desde el punto de vista de lo ético y de la praxis transformadora de la sociedad: sería simplemente el hombre del pueblo que toma partido por los oprimidos y marginados al servicio de la libertad.
La consecuencia de estas propuestas, contraria a la fe de la Iglesia, es la disolución del sujeto cristiano. La reflexión, que debería ayudar a dar razón de la esperanza (cf. 1 P 3, 15), se distancia de la fe recibida y celebrada. La enseñanza de la Iglesia y la vida sacramental se consideran alejadas, cuando no enfrentadas, a la voluntad de Cristo. El Cristianismo y la Iglesia aparecen como separables. Según los escritos de algunos autores, no estuvo en la intención de Jesucristo el establecer ni la Iglesia, ni siquiera una religión, sino más bien la liberación de la Religión y de los poderes constituidos. Conscientes de la gravedad de estas afirmaciones y del daño que causan en el pueblo fiel y sencillo, no podemos dejar de repetir con las palabras de la Carta a los Hebreos: Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será siempre. No os dejéis seducir por doctrinas varias y extrañas. Mejor es fortalecer el corazón con la gracia que con alimentos que nada aprovecharon a los que siguieron ese camino (Hb 13, 8-9).

Sin embargo, cuanto más profundizo en la Doctrina Social de la Iglesia, más me convenzo que de aplicarse al pie de la letra hoy en día volvería a ser la Iglesia la única voz que se alzara contra la globalización y las dictaduras economicistas que nos gobiernan.

viernes, 16 de marzo de 2007

A España no la va a conocer ni la madre que la parió

Leí un post en ese plural mundo de periodistadigital, que me hizo reflexionar, hablaba sobre la educación. Me pareció muy acertado su juicio respecto al nivel académico de nuestra querida piel de toro. En pocas palabras se cargaba la LOGSE y hacía hincapié en los males que ha conllevado la Ley de Educación del gobierno socialista. Es cierto que ha bajado el nivel, dicha Ley intentó adecuarse al ritmo de aprendizaje de los niños, lo que supuso exigir menos y condescender más, sobre la base de toda una filosofía educativa que marca sus ejes sobre la diversidad y la pluralidad. Cada alumno tiene un ritmo de aprendizaje que dentro de unos mínimos se debe respetar, además no se permite repetir nada más que un curso en toda la primaria, excepcionalmente dos.

Nuestro blogger relacionaba el Sistema Educativo con el nivel intelectual de nuestra Sociedad actual. Los jóvenes que acceden a su primer trabajo y su primera votación por mayoría de edad, es la generación LOGSE. De manera que justificaba la pérdida de rumbo de la democracia sobre la base de estos nuevos votantes. El pensamiento crítico ha desaparecido en función de un pensamiento único, voluble, encantado con lo más zafio y desconocedor de las raíces históricas de España.

Yo no me atrevo a generalizar tanto, pero si que es cierto que la nueva Ley de Educación del nuevo gobierno socialista denominada LOE, no va a rectificar la filosofía de su antecesora. Seguiremos sin poder repetir más de un curso en primaria, mantendremos la atención a la diversidad y continuaremos con un sistema que no hace especial hincapié en el esfuerzo y el afán de superación. Es más, parece abolir la competitividad, cuando el mundo real precisamente se basa en una feroz carrera por superar a su homólogo. Una ley de la oferta y la demanda para la que no están preparados los más jóvenes. Niños burbuja, leí en otra ocasión: sobreprotegidos, consentidos, exigentes en sus caprichos e indolentes en su comportamiento.

Lo cierto es que el espíritu de ambas leyes favorece la no-discriminación en función de calificaciones: progresa adecuadamente o necesita mejorar. Este es el resultado de todo un trimestre o un curso. No hay que desmotivarse por ser el último de la clase, hay muchos otros de 0 a 4 a quienes se les califica con un necesita mejorar. Según el mismo criterio no hay que aspirar a ser el mejor: de 5 a 10 todos progresan adecuadamente. Sigue habiendo diferencias notables entre ambos márgenes que a nadie se le escapan, pero no importan porque lo que se trata es de no frustrar las expectativas de los más jóvenes, con calificaciones que marquen diferencias de niveles en cuanto a conocimientos. Estas diferencias quedan para la sala de profesores.

Si esto influye en la calidad de los votantes, es algo que desconozco. Para nuestro blogger es evidente que el nivel intelectual está bajo mínimos y que se ha trasformado el concepto educación, pasando de ser maestra de saberes a madre de clones dominados por los mas media. De modo que su pensamiento es fácil de influenciar, moldear y adecuar al Sistema. Según ello se podría entender como oscilan las encuestas de un mes a otro, en función de la repercusión mediática.

Con franqueza yo no me siento ajena a este entramado. Creo que sabemos aquello que quieren y desconocemos bastante lo que es la realidad. Se nos vende la imagen, la apariencia, y no tenemos tiempo de madurar nuestro juicio entre un telediario y el del día siguiente. Entre un titular de prensa y el del día posterior. La vida sin radio, televisión ni Internet tiene un ritmo de 24 horas, mientras que con toda la tecnología su velocidad es de 86400 segundos. Será el mismo espacio de tiempo, pero no se mide igual. Los segundos van más rápidos que las horas y la vida se acelera sin que podamos decir que la medida del tiempo ha cambiado.

Si el señor Zapatero se encuentra hoy en el Gobierno gracias a la generación LOGSE es algo que nadie va a poder demostrar. Pero sí que se han convertido en realidad las palabras de Alfonso Guerra la primera vez que ganó las elecciones el partido socialista: “Con nosotros no va a conocer España ni la madre que la parió”.