viernes, 9 de mayo de 2008

La primera y la última comunión

He asistido al espectáculo de las primeras comuniones. No iba invitada por nadie, sencillamente acudía a participar de la eucaristía. Allí he sido sorprendida por ese primer acto social de cualquier niño católico. Clara y diáfana la homilía, “ruego a los padres que sigan educando en la fe; que está no sea la primera y la última eucaristía; que Jesús es un amigo y a los amigos si no se les trata a menudo, terminamos por perderlos”.

Veía a los niños ilusionados y también veía el penoso espectáculo de algunos invitados. Cámaras por todos los lados, vestiditos para el banquete posterior. En fin, que a todo aquel barullo le faltaba mucha catequesis de adultos. ¿Pero quién le pone el cascabel al gato?. Porque la realidad es la que es, y lo que debiera ser nos lo sabemos muy bien. Pero qué difícil es acertar en una participación activa de todos los católicos.

Estoy convencida que vamos hacia una minoría significativa. Lo religioso ya no forma parte de la educación, sino media el interés de los padres. Y a estos también les va fallando la cultura religiosa. Si no has formado parte de un colegio católico, la religión recibida en las clases optativas de la escuela pública finaliza en la ESO, es decir a los doce o trece años. De ahí en adelante la postura del joven se aleja cada vez más de la fe.

La pastoral familiar ante el bautismo, la comunión, la confirmación, el matrimonio, la unción de enfermos e incluso en los funerales, es la única vía de predicación por no decir de evangelización. Ya no se trata de dirigirse a los feligreses católicos, cada día menos numerosos. Se trata de que se aprovechen esos actos sociales en los que se encuentran en la Iglesia reunidos aquellos que no creen y otros que tratan de vivir su fe.

Es necesario que en los seminarios se eduque en la predicación, que no consiste en un ratito de charla desmenuzando cuatro o cinco ideas. Los sermones tienen que ser diarios, en cada eucaristía. No es de recibo que frente a la secularización galopante, se olvide esta parte esencial de la Misa. Para reducirla a las eucaristías dominicales. El predicador debe estar las veinticuatro horas dispuesto a dar testimonio de la fe.

Es una propuesta que he visto llevar a cabo en alguna parroquia. Libros de homilías diarias, donde tras la lectura del Evangelio se realiza un pequeño sermón. Da igual que sea leído y no de cosecha propia. Lo esencial es que aparte de las lecturas y la eucaristía, hay unas palabras de pedagogía cristiana. Se puede hacer hincapié en el santo del día, en alguna virtud teologal, en las lecturas del día. Teniendo en cuenta la ignorancia religiosa resulta más acuciante que nunca explicar los pasajes de la Biblia.

Pues todo eso deberia formar parte de ese pequeño sermón diario o dominical. Y me parece que ahí se encuentra un potencial muy abandonado. Porque luego ya sabemos que el Consejo Pastoral, los catequistas y voluntarios, ponen lo mejor de sí mismo. Sin embargo, es la voz del párroco la que puede escucharse en todas las misas.

Es muy triste acudir a una eucaristía semanal en la que se olvida de cuidar la palabra. Desaprovechando tal vez una oportunidad única para orientar a los participantes de la Eucaristía. Me gustaría que algún sacerdote, posible lector de este blog, diese su opinión al respecto. Yo de momento dejo caer la idea. Es probable que en otros sitios se lleven a cabo experiencias similares. Si es así, sería agradable conocerlas.

La primera y la última comunión

He asistido al espectáculo de las primeras comuniones. No iba invitada por nadie, sencillamente acudía a participar de la eucaristía. Allí he sido sorprendida por ese primer acto social de cualquier niño católico. Clara y diáfana la homilía, “ruego a los padres que sigan educando en la fe; que está no sea la primera y la última eucaristía; que Jesús es un amigo y a los amigos si no se les trata a menudo, terminamos por perderlos”.

Veía a los niños ilusionados y también veía el penoso espectáculo de algunos invitados. Cámaras por todos los lados, vestiditos para el banquete posterior. En fin, que a todo aquel barullo le faltaba mucha catequesis de adultos. ¿Pero quién le pone el cascabel al gato?. Porque la realidad es la que es, y lo que debiera ser nos lo sabemos muy bien. Pero qué difícil es acertar en una participación activa de todos los católicos.

Estoy convencida que vamos hacia una minoría significativa. Lo religioso ya no forma parte de la educación, sino media el interés de los padres. Y a estos también les va fallando la cultura religiosa. Si no has formado parte de un colegio católico, la religión recibida en las clases optativas de la escuela pública finaliza en la ESO, es decir a los doce o trece años. De ahí en adelante la postura del joven se aleja cada vez más de la fe.

La pastoral familiar ante el bautismo, la comunión, la confirmación, el matrimonio, la unción de enfermos e incluso en los funerales, es la única vía de predicación por no decir de evangelización. Ya no se trata de dirigirse a los feligreses católicos, cada día menos numerosos. Se trata de que se aprovechen esos actos sociales en los que se encuentran en la Iglesia reunidos aquellos que no creen y otros que tratan de vivir su fe.

Es necesario que en los seminarios se eduque en la predicación, que no consiste en un ratito de charla desmenuzando cuatro o cinco ideas. Los sermones tienen que ser diarios, en cada eucaristía. No es de recibo que frente a la secularización galopante, se olvide esta parte esencial de la Misa. Para reducirla a las eucaristías dominicales. El predicador debe estar las veinticuatro horas dispuesto a dar testimonio de la fe.

Es una propuesta que he visto llevar a cabo en alguna parroquia. Libros de homilías diarias, donde tras la lectura del Evangelio se realiza un pequeño sermón. Da igual que sea leído y no de cosecha propia. Lo esencial es que aparte de las lecturas y la eucaristía, hay unas palabras de pedagogía cristiana. Se puede hacer hincapié en el santo del día, en alguna virtud teologal, en las lecturas del día. Teniendo en cuenta la ignorancia religiosa resulta más acuciante que nunca explicar los pasajes de la Biblia.

Pues todo eso deberia formar parte de ese pequeño sermón diario o dominical. Y me parece que ahí se encuentra un potencial muy abandonado. Porque luego ya sabemos que el Consejo Pastoral, los catequistas y voluntarios, ponen lo mejor de sí mismo. Sin embargo, es la voz del párroco la que puede escucharse en todas las misas.

Es muy triste acudir a una eucaristía semanal en la que se olvida de cuidar la palabra. Desaprovechando tal vez una oportunidad única para orientar a los participantes de la Eucaristía. Me gustaría que algún sacerdote, posible lector de este blog, diese su opinión al respecto. Yo de momento dejo caer la idea. Es probable que en otros sitios se lleven a cabo experiencias similares. Si es así, sería agradable conocerlas.

viernes, 2 de mayo de 2008

Los gurús mediáticos

Tendremos que reconocer que los comunicadores de los grandes holding mediáticos, no están por calmar las aguas revueltas. Ni por ser constructores de serenidad. Y eso que nos va en ello la paz de este país visceral. La violencia verbal existe, y algunos son maestros de la dialéctica convertida en bazofia. Actúan como matones a sueldo, provocando para llegar al enfrentamiento. El camino siempre es el mismo, el más sensato calla, el bronquista se crece.

Están divididos y a quienes no se sienten identificados con ellos, les caen vía sarcasmo y mordacidad los peores epítetos. El tema está en boca de todos. Lo que cuenta es avasallar al contrario. Y en eso se convierten los programas basura sin moderador, donde las buenas formas son sustituidas por palabras malsonantes y barriobajeras. De manera que la radio y la televisión siguen trasmitiendo una educación paralela hacia toda la sociedad.

Como reflejo de esa cultural dominante, los blogs heredan parte de esa sibilina crispación. Y lo peor es que esto llega a los hogares, se trasmite a los hijos, y finaliza en dramas incomprensibles entre menores. Luego nos preguntamos cómo es posible tanta violencia gratuita. Pues es evidente, entre la estocada fina, la respuesta educada, y la descalificación a priori, hay un gran abismo. Los maestros en lo último son como los pirómanos. Y sálvese quien pueda.

Algunos periodistas de la COPE y otros de la SER, los de El Plural y los de Libertad Digital, marcan la agenda de este país. Y se han crecido tanto que ya no saben o pueden parar. Es como “un salto en el vacío”. ¿Llevarán paracaídas?. De momento necesitan todo un bufete de abogados para tramitarles las demandas. Y ni se inmutan, porque con la ley “largo me lo fiáis”.

El caso es que hay otro grupo que no quiere tomar partido. Mejor aún que lo ha tomado y busca la vía de la transición, donde todos tenían claro que había que trabajar por el país. Desgraciadamente, tienen que abandonar tribunas públicas y volver hacia los cuarteles de invierno a la espera de mejor ocasión.

La opinión pública se balancea en manos de estos “gurús”. Y yo no me creo que detrás exista un interés patriótico. El caso es que como las cosas sigan así, la España cainita puede resurgir de sus cenizas. Nos acercamos a las celebraciones del 2 de Mayo, que supuso un pistoletazo de salida para toda una nación. A veces no se sabe bien por qué pasan las cosas, pero cuando unos quieren una izquierda más a la izquierda del PSOE, otros acusan a un partido liberal de estar a la extrema derecha; los hay que se cuestionan símbolos religiosos en la toma de poder de los nuevos ministros; otros acusan a los obispos de tener entre sus filas a un ateo. El caldo de cultivo puede prender en cualquier mecha inesperada.

Allá cada cuál, pero los medios de comunicación no debieran ser tribunas para la provocación. Esto no deja de ser mi opinión. Aunque es cierto que a veces las situaciones obligan a tomar partido. Pero antes, procuremos medir las consecuencias.

No quiero dejar de mencionar el encontronazo con el presidente de la CONFER que acusa a algunos bloggers de extremistas. Si ayer reflexionaba sobre ello hoy, no puedo dejar de anotar que su respuesta tampoco fue muy atinada, aunque corresponda a una reacción natural ante ataques personales. Pero lo cierto es que como representante de los religiosos, también debiera manifestar su disgusto por aquellos religiosos que amparados en sus congregaciones, manifiestan posturas y opiniones que causan escándalo en los laicos. Digo yo, que una de cal y otro de arena, tampoco estaría de más. O al final la única satisfacción que podrá tener la CONFER es de haber ampliado el número de asociaciones agrupadas en Redes Cristianas.

Los gurús mediáticos

Tendremos que reconocer que los comunicadores de los grandes holding mediáticos, no están por calmar las aguas revueltas. Ni por ser constructores de serenidad. Y eso que nos va en ello la paz de este país visceral. La violencia verbal existe, y algunos son maestros de la dialéctica convertida en bazofia. Actúan como matones a sueldo, provocando para llegar al enfrentamiento. El camino siempre es el mismo, el más sensato calla, el bronquista se crece.

Están divididos y a quienes no se sienten identificados con ellos, les caen vía sarcasmo y mordacidad los peores epítetos. El tema está en boca de todos. Lo que cuenta es avasallar al contrario. Y en eso se convierten los programas basura sin moderador, donde las buenas formas son sustituidas por palabras malsonantes y barriobajeras. De manera que la radio y la televisión siguen trasmitiendo una educación paralela hacia toda la sociedad.

Como reflejo de esa cultural dominante, los blogs heredan parte de esa sibilina crispación. Y lo peor es que esto llega a los hogares, se trasmite a los hijos, y finaliza en dramas incomprensibles entre menores. Luego nos preguntamos cómo es posible tanta violencia gratuita. Pues es evidente, entre la estocada fina, la respuesta educada, y la descalificación a priori, hay un gran abismo. Los maestros en lo último son como los pirómanos. Y sálvese quien pueda.

Algunos periodistas de la COPE y otros de la SER, los de El Plural y los de Libertad Digital, marcan la agenda de este país. Y se han crecido tanto que ya no saben o pueden parar. Es como “un salto en el vacío”. ¿Llevarán paracaídas?. De momento necesitan todo un bufete de abogados para tramitarles las demandas. Y ni se inmutan, porque con la ley “largo me lo fiáis”.

El caso es que hay otro grupo que no quiere tomar partido. Mejor aún que lo ha tomado y busca la vía de la transición, donde todos tenían claro que había que trabajar por el país. Desgraciadamente, tienen que abandonar tribunas públicas y volver hacia los cuarteles de invierno a la espera de mejor ocasión.

La opinión pública se balancea en manos de estos “gurús”. Y yo no me creo que detrás exista un interés patriótico. El caso es que como las cosas sigan así, la España cainita puede resurgir de sus cenizas. Nos acercamos a las celebraciones del 2 de Mayo, que supuso un pistoletazo de salida para toda una nación. A veces no se sabe bien por qué pasan las cosas, pero cuando unos quieren una izquierda más a la izquierda del PSOE, otros acusan a un partido liberal de estar a la extrema derecha; los hay que se cuestionan símbolos religiosos en la toma de poder de los nuevos ministros; otros acusan a los obispos de tener entre sus filas a un ateo. El caldo de cultivo puede prender en cualquier mecha inesperada.

Allá cada cuál, pero los medios de comunicación no debieran ser tribunas para la provocación. Esto no deja de ser mi opinión. Aunque es cierto que a veces las situaciones obligan a tomar partido. Pero antes, procuremos medir las consecuencias.

No quiero dejar de mencionar el encontronazo con el presidente de la CONFER que acusa a algunos bloggers de extremistas. Si ayer reflexionaba sobre ello hoy, no puedo dejar de anotar que su respuesta tampoco fue muy atinada, aunque corresponda a una reacción natural ante ataques personales. Pero lo cierto es que como representante de los religiosos, también debiera manifestar su disgusto por aquellos religiosos que amparados en sus congregaciones, manifiestan posturas y opiniones que causan escándalo en los laicos. Digo yo, que una de cal y otro de arena, tampoco estaría de más. O al final la única satisfacción que podrá tener la CONFER es de haber ampliado el número de asociaciones agrupadas en Redes Cristianas.

viernes, 25 de abril de 2008

Comunicadores al servicio de la infoética



Es un término que ya forma parte de la actualidad: la infoética. Algo que se refleja en el mensaje de Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Término nuevo como la bioética, pero con futuro asegurado. Más que nunca vivimos interrelacionados unos con otros a través de medios de comunicación como Internet. En su momento el tema ya fue tratado en el tercer congreso de la UNESCO para estimular la reflexión y el debate sobre los aspectos éticos, jurídicos y societales de la Sociedad de la Información. Desde aquella lejana convocatoria del 2.000, no han cesado de tratarse estos temas en otros foros y congresos.

Lo que se pide es que tanto la prensa escrita, la televisión, el cine, o la Red, posean un código deontológico que supere la cuota de mercado basada en el producto y beneficio. La comunicación social afecta a toda la colectividad humana. Y más allá de permitir vivir dignamente de su trabajo, tendrá que tener un mínimo común denominador que se base en el servicio al bien común.

Si la influencia de estos medios es innegable, los responsables de los mismos, deben conocer límites que no se pueden traspasar. Esta eclosión virtual de la red, que son los blogs, permite una aportación generosa al servicio de la comunidad, pero facilita también la entrada tanto de lo bueno como de lo malo. Igual que no se puede arrancar la cizaña sin dañar al trigo. Resulta imposible parar a los trolls sin unas medidas de censura claras que los identifique.

Por ello la infoética pasa por ser asignatura necesaria para formar comunicadores, que más allá de la cuota de mercado, asuman la responsabilidad de trasmitir claramente lo que es información y lo que es opinión. La Iglesia ha tomado el pulso a lo cotidiano en esta materia, y son numerosas las ventanas abiertas con innumerables web. Desde allí emite información y formación de la fe, al acceso de cualquier usuario de la red.

No es extraño que se desee tener emisoras que trasmitan otro lenguaje alternativo al que estamos acostumbrados. Que impregnen a través de las ondas los valores del humanismo cristiano. Si esto no se consigue la credibilidad queda menguada.

La infoética no puede ser una palabra bonita, sino que debe convertirse en materia de estudio. Es cierto que tenemos tendencia a dejarnos llevar por el pensamiento dominante, que cada día se necesita una mayor dosis de silencio interior ante el bombardeo de estímulos exteriores desde todos los ámbitos de la sociedad.

Por ello crear portales con infoética, marcarán la credibilidad futura de esos medios. La prioridad para dar a conocer opiniones con mesura, sin esas descalificaciones grotescas que pasan a formar parte de las conversaciones cotidianas, es un reto al que los cristianos debemos apuntarnos. Todos somos responsables y para educar hay que ser críticos, tener una brújula de orientación clara. Si deseamos lo mejor para los demás, la labor es mucho más fácil y grata.

Y por último, como siempre, considerar que la información tiende a estar manipulada a veces incluso de manera consciente, en otras ocasiones como producto de los estímulos recibidos. No siempre hay una mano dirigiendo, pero cualquier persona que trabaje en la comunicación sabe, que su criterio en la selección y tratamiento de temas, sirve para formar a otras personas.

Tener sentido crítico, es necesario. Pero también lo es mantener la libertad de expresión dentro de los parámetros del diálogo y la interrelación de fuentes y contenidos. De manera que unos a otros vayamos aportando y enriqueciendo los debates. Esa capacidad de interactuar es la novedad más prodigiosa del futuro de las comunicaciones. No será difícil en un futuro próximo que la participación ciudadana se realice desde los hogares hacia las fuentes de comunicación. De momento ya es una realidad en la red y su uso permite acceder en fracciones de segundo al intercambio.





Comunicadores al servicio de la infoética



Es un término que ya forma parte de la actualidad: la infoética. Algo que se refleja en el mensaje de Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Término nuevo como la bioética, pero con futuro asegurado. Más que nunca vivimos interrelacionados unos con otros a través de medios de comunicación como Internet. En su momento el tema ya fue tratado en el tercer congreso de la UNESCO para estimular la reflexión y el debate sobre los aspectos éticos, jurídicos y societales de la Sociedad de la Información. Desde aquella lejana convocatoria del 2.000, no han cesado de tratarse estos temas en otros foros y congresos.

Lo que se pide es que tanto la prensa escrita, la televisión, el cine, o la Red, posean un código deontológico que supere la cuota de mercado basada en el producto y beneficio. La comunicación social afecta a toda la colectividad humana. Y más allá de permitir vivir dignamente de su trabajo, tendrá que tener un mínimo común denominador que se base en el servicio al bien común.

Si la influencia de estos medios es innegable, los responsables de los mismos, deben conocer límites que no se pueden traspasar. Esta eclosión virtual de la red, que son los blogs, permite una aportación generosa al servicio de la comunidad, pero facilita también la entrada tanto de lo bueno como de lo malo. Igual que no se puede arrancar la cizaña sin dañar al trigo. Resulta imposible parar a los trolls sin unas medidas de censura claras que los identifique.

Por ello la infoética pasa por ser asignatura necesaria para formar comunicadores, que más allá de la cuota de mercado, asuman la responsabilidad de trasmitir claramente lo que es información y lo que es opinión. La Iglesia ha tomado el pulso a lo cotidiano en esta materia, y son numerosas las ventanas abiertas con innumerables web. Desde allí emite información y formación de la fe, al acceso de cualquier usuario de la red.

No es extraño que se desee tener emisoras que trasmitan otro lenguaje alternativo al que estamos acostumbrados. Que impregnen a través de las ondas los valores del humanismo cristiano. Si esto no se consigue la credibilidad queda menguada.

La infoética no puede ser una palabra bonita, sino que debe convertirse en materia de estudio. Es cierto que tenemos tendencia a dejarnos llevar por el pensamiento dominante, que cada día se necesita una mayor dosis de silencio interior ante el bombardeo de estímulos exteriores desde todos los ámbitos de la sociedad.

Por ello crear portales con infoética, marcarán la credibilidad futura de esos medios. La prioridad para dar a conocer opiniones con mesura, sin esas descalificaciones grotescas que pasan a formar parte de las conversaciones cotidianas, es un reto al que los cristianos debemos apuntarnos. Todos somos responsables y para educar hay que ser críticos, tener una brújula de orientación clara. Si deseamos lo mejor para los demás, la labor es mucho más fácil y grata.

Y por último, como siempre, considerar que la información tiende a estar manipulada a veces incluso de manera consciente, en otras ocasiones como producto de los estímulos recibidos. No siempre hay una mano dirigiendo, pero cualquier persona que trabaje en la comunicación sabe, que su criterio en la selección y tratamiento de temas, sirve para formar a otras personas.

Tener sentido crítico, es necesario. Pero también lo es mantener la libertad de expresión dentro de los parámetros del diálogo y la interrelación de fuentes y contenidos. De manera que unos a otros vayamos aportando y enriqueciendo los debates. Esa capacidad de interactuar es la novedad más prodigiosa del futuro de las comunicaciones. No será difícil en un futuro próximo que la participación ciudadana se realice desde los hogares hacia las fuentes de comunicación. De momento ya es una realidad en la red y su uso permite acceder en fracciones de segundo al intercambio.





viernes, 18 de abril de 2008

¿Catecismo para los niños o para los abuelos?

Benedicto XVI habla de la riqueza que supone en una familia tener abuelos. Yo desde luego no conocí a ninguno, ni de padre ni de madre. Mis progenitores fueron los menores cada uno de su casa de entre seis hermanos. Así que Dios me regalo once tíos y sus respectivos cónyuges. Como había diferencia de edad entre los mayores y los pequeños, siempre consideré a mis tíos casi como abuelos.

Si mis padres echaron en falta a los suyos durante tantísimos años, es porque vivieron una sentida orfandad desde muy jóvenes. Pero también consideraron a sus hermanos mayores como sus sustitutos en la educación. Lo que ellos dijeran “iba a misa”.

Lo vengo a decir porque aunque no haya conocido ningún abuelo, he disfrutado mucho de mis tíos y fueron ellos los que me enseñaron y educaron en no pocas ocasiones, con un sentido de corporativismo familiar que hoy parece estar ausente. Estoy con el Papa, los abuelos pueden y deben ser los trasmisores de la cultura y el saber. Llegan ahora a la jubilación con buena salud y crían a los nietos por cuestiones obvias. Los padres trabajan jornadas completas para pagar su hipoteca o dar un nivel de vida digno a sus hijos. De manera que la figura que tienen como referente en muchos momentos es la de los abuelos.

Tengo entre mis alumnos, algunos que vienen al colegio de mano de uno de esos abuelos, jovencísimos con un aspecto envidiable, que viven gozosos su jubilación ofreciendo su tiempo en realizar mil y una actividades. Los hay que juegan a la petanca y quienes sólo apuestan en el “mus”. Pero la mayoría aprende bricolaje, estudia informática o va a clases de yoga. Y qué decir de las abuelas, que ya no hacen bolillos, sino que se cruzan una piscina olímpica tres o cuatro veces.

El caso es que estos abuelos son una oportunidad para ofrecer una buena catequesis, porque pueden ser los trasmisores de la fe a sus nietos, con mucha mayor dedicación que sus padres. Cuya labor es insustituible, pero que siendo realistas cuenta más bien poco en este tema. Se limitan a optar por la clase de religión y a llevarlos a catequesis el tiempo necesario para tomar la comunión. Luego, si te he visto ni me acuerdo. Tal vez por ello pocos, muy pocos, recibirán la confirmación

Todo esto viene a cuenta del nuevo catecismo de la Iglesia, que aunque pensado para los más pequeños, debería ofrecerse a cada parroquiano, junto con la oportunidad de realizar algún que otro cursillo de reciclaje en la fe. Sería estupendo retomar a los abuelos en la iglesia como futuros educadores de los nietos. Pero mucho más interesante es organizar grupos de formación de adultos en la fe.

En mi parroquia algunos asisten a cursos de teología. Y creo que tienen buena acogida.
Hay también grupos de Adoración Eucarística, festeros de alguna advocación concreta. Pero fíjense lo que ha sucedido esta Semana Santa, la falta de dinero para organizar una procesión del Santo Entierro, dejó al pueblo cojo de este acontecimiento. Da que pensar que no venga gente al relevo generacional. La mayoría de los clavarios y clavariesas suelen tener una edad ya madura o más bien respetable. El caso es que se pierde la tradición que durante muchas generaciones pasaba de padres a hijos.

De manera que si el ritmo de devoción sigue los pasos de hoy en día, terminarán por desaparecer las celebraciones públicas de la religiosidad popular. Algo que nos atañe a todos los creyentes, porque es una manera de manifestar nuestra fe. Y si sobreviven serán exclusivamente aquellas que lo hacen entorno a cofradías con unas normas y prerrogativas concretas, que tal vez no da una imagen equivocada de lo que es la devoción popular.

No está de más recordar antiguas devociones que parecen haber quedado arrinconadas. Hace años que no veo a ningún sacerdote arrodillado con sus parroquianos rezando el rosario. Alguno hay que tiene por costumbre después del Evangelio leer unas notas que sin llegar a ser homilías centran la celebración en torno a la Palabra y la Eucaristía. Pues creo que es una idea fabulosa. También lo es explicar cada uno de los actos que se realizan, con brevedad pero también con claridad. Buscando dar a conocer el misterio de nuestra fe.

Tenemos que tener claro que hemos superado la religiosidad social del nacional catolicismo dando paso a una sociedad muy secularizada que vive una religiosidad puntual y como mero hecho social. Por ello se necesita una formación continua de la mano del párroco o de personas preparadas para ello, de manera que todos los creyentes nos convirtamos en testigos de nuestra fe.