viernes, 16 de mayo de 2008

El decálogo laicista a debate


No caigamos en la provocación de otros, sería la receta ideal para dejar pasar los comentarios que salen a la palestra después de que la Vicepresidenta del Gobierno comunicase la decisión de revisar la Ley Orgánica de Libertad Religiosa. Sin embargo, a los católicos nos compete manifestar libremente el desacuerdo con ciertos criterios minoritarios que quieren convertirse en Decreto Ley.

Confiamos en la sensatez de los gobernantes, pero vislumbramos un panorama poco serio cuando desde plataformas como el periódico Público se lanzan los diez mandamientos de un Estado laico. Olvidando que esos mandamientos atentan contra la propia Constitución española.

En primero lugar “Educarás en igualdad”. Se supone que no están de acuerdo con los conciertos otorgados a las escuelas de confesiones religiosas. Desde ellas se educa libremente en el ideario del centro, con la libertad que otorga el derecho a recibir una educación de acuerdo a las creencias de cada uno. Podemos entender que a los laicistas les moleste que existan los conciertos, pero no debemos olvidar que ellos forman parte de la libertad y pluralidad de la sociedad, desde el respeto a la libertad religiosa.

En segundo mandamiento apela a “no sermonear fuera del púlpito”. Por lo visto para un Estado laicista la predicación por las calles podría ser delito. ¿Qué hubiera sido de San Pablo en el areópago de Atenas hablando a los atenienses del dios desconocido?. Les molesta la religión fuera de los púlpitos, pero el derecho a la libertad religiosa permite las manifestaciones públicas de la fe. No puede ser de otro modo, por eso nuestro Estado aconfesional ha suscrito acuerdos con otras religiones, para que dentro del horario escolar se haga factible el derecho de los padres a elegir una materia como la religión dentro de la escuela, de modo completamente optativo y por tanto no obligatorio.

El tercero proclama “No impondrás los símbolos al Estado”. Les molestan los funerales de Estado, y cualquier acto religioso en el que las instituciones del Estado tengan que estar presentes. Podría ser uno de los puntos a tratar en la futura Ley de libertades religiosas. Pero no olvidemos que los matrimonios reales siempre han sido retransmitidos por las televisiones de todo el mundo, fueran anglicanos, luteranos, o católicos. En países donde este debate esta periclitado y fuera de lugar siguen siendo televisados. Me viene la imagen del funeral por el presidente Kennedy, en un país laico que respeta profundamente la religión de sus ciudadanos. Y supongo que todo el mundo recuerda la despedida del alcalde Tierno Galván, en cuyos funerales que yo recuerde no estuvo presente la Iglesia.

El cuarto propugna “No mezclarás la gloria terrena y celestial”. Y el quinto especifica “No acapararás las fiestas del calendario”. Francamente no sé como lo solucionan otros países, pero supongo que sería un tema a tratar en el que los laicistas saldrían victoriosos y a los católicos nos sería difícil acudir a las celebraciones de nuestra fe. Pero no hay nada imposible, siempre podrían desplazarse a los sábados y domingos. Y seguir dando gracias a Dios, porque estableció un día de descanso en la jornada laboral de la que se benefician quienes no dan culto a Dios.

De igual índole es el sexto mandamiento: “No invadirás instituciones públicas”. Un poco perverso porque ya hace mucho que fueron retirados los símbolos religiosos, pero otros persisten porque son verdaderas joyas y patrimonio de todos los ciudadanos. Les molesta que existan capillas y capellanes en hospitales. Como se ve es todo muy democrático, la solución es suprimir no facilitar la expresión de la fe de los ciudadanos.

El séptimo no tiene desperdicio “Cederás tu patrimonio al Estado”. Miren que bien, ahora las Iglesias se despojarán de sus joyas arquitectónicas y artísticas y formarán parte de los museos. Allí se venerará el Cristo de Velásquez, la Inmaculada, etc. Lo cierto es que este patrimonio de la Iglesia lo disfruta todo el pueblo español y tiene un coste de mantenimiento que a nadie se le escapa. Es lógico que siga en manos de quienes recibieron esas donaciones por parte de fieles y mecenas. También es lógico que el Estado cuide de esos edificios y no se dedique a saquearlos como algunos desearían.

El octavo habla de “Acatarás la ley de datos”. La apostasía es una reivindicación exclusiva de unos cuantos ateos confesos a quienes les molesta estar registrados en las partidas de bautismo. Es un empeño sin sentido producto de la falta de formación religiosa. Cuando uno ha sido bautizado lo será para siempre. Es un don recibido de manos de padre y padrinos y se posee la libertad de renegar de la fe, esa apostasía existe desde el mismo momento que se rechaza a Dios, pero no tiene porqué figurar en ningún registro religioso. Porque sería un contrasentido.

El noveno proclama “No utilizarás los medios públicos”. Les molesta las retrasmisiones religiosas. El Estado facilita el culto a fieles que no pueden acudir a las parroquias por enfermedad y los laicistas acusan al Estado de favorecer la libertad de culto en una cadena pública. ¿Pues no dice la Constitución y los Derechos Humanos que la libertad religiosa tiene que ser respetada?. Se puede ver el carácter sectario de ciertos grupos que desean suprimir cualquier manifestación pública de la fe.

Por último el décimo sentencia: “Te autofinanciarás”. Ahí estamos en la declaración de la renta con una cruz que deben marcar todos los católicos si desean financiar a su Iglesia. Por cierto, es urgente dado el carácter laicista de algunos, que mi dinero no vaya a bonificar ninguna manifestación sacrílega o representación que atenta contra mi fe. Eso también es libertad.

Podríamos seguir debatiendo este interesante panorama que se cierne recurrentemente sobre nuestra sociedad. Las ligas ateas, los laicistas de pro, son indudablemente menos significativos de lo que quisieran, pero hacen mucho ruido. Lo sensato no es polarizar a la sociedad, sino establecer un diálogo fluido con todas las confesiones religiosas y fomentar desde los poderes públicos garantías suficientes para que puedan manifestar públicamente su fe.

El decálogo laicista a debate


No caigamos en la provocación de otros, sería la receta ideal para dejar pasar los comentarios que salen a la palestra después de que la Vicepresidenta del Gobierno comunicase la decisión de revisar la Ley Orgánica de Libertad Religiosa. Sin embargo, a los católicos nos compete manifestar libremente el desacuerdo con ciertos criterios minoritarios que quieren convertirse en Decreto Ley.

Confiamos en la sensatez de los gobernantes, pero vislumbramos un panorama poco serio cuando desde plataformas como el periódico Público se lanzan los diez mandamientos de un Estado laico. Olvidando que esos mandamientos atentan contra la propia Constitución española.

En primero lugar “Educarás en igualdad”. Se supone que no están de acuerdo con los conciertos otorgados a las escuelas de confesiones religiosas. Desde ellas se educa libremente en el ideario del centro, con la libertad que otorga el derecho a recibir una educación de acuerdo a las creencias de cada uno. Podemos entender que a los laicistas les moleste que existan los conciertos, pero no debemos olvidar que ellos forman parte de la libertad y pluralidad de la sociedad, desde el respeto a la libertad religiosa.

En segundo mandamiento apela a “no sermonear fuera del púlpito”. Por lo visto para un Estado laicista la predicación por las calles podría ser delito. ¿Qué hubiera sido de San Pablo en el areópago de Atenas hablando a los atenienses del dios desconocido?. Les molesta la religión fuera de los púlpitos, pero el derecho a la libertad religiosa permite las manifestaciones públicas de la fe. No puede ser de otro modo, por eso nuestro Estado aconfesional ha suscrito acuerdos con otras religiones, para que dentro del horario escolar se haga factible el derecho de los padres a elegir una materia como la religión dentro de la escuela, de modo completamente optativo y por tanto no obligatorio.

El tercero proclama “No impondrás los símbolos al Estado”. Les molestan los funerales de Estado, y cualquier acto religioso en el que las instituciones del Estado tengan que estar presentes. Podría ser uno de los puntos a tratar en la futura Ley de libertades religiosas. Pero no olvidemos que los matrimonios reales siempre han sido retransmitidos por las televisiones de todo el mundo, fueran anglicanos, luteranos, o católicos. En países donde este debate esta periclitado y fuera de lugar siguen siendo televisados. Me viene la imagen del funeral por el presidente Kennedy, en un país laico que respeta profundamente la religión de sus ciudadanos. Y supongo que todo el mundo recuerda la despedida del alcalde Tierno Galván, en cuyos funerales que yo recuerde no estuvo presente la Iglesia.

El cuarto propugna “No mezclarás la gloria terrena y celestial”. Y el quinto especifica “No acapararás las fiestas del calendario”. Francamente no sé como lo solucionan otros países, pero supongo que sería un tema a tratar en el que los laicistas saldrían victoriosos y a los católicos nos sería difícil acudir a las celebraciones de nuestra fe. Pero no hay nada imposible, siempre podrían desplazarse a los sábados y domingos. Y seguir dando gracias a Dios, porque estableció un día de descanso en la jornada laboral de la que se benefician quienes no dan culto a Dios.

De igual índole es el sexto mandamiento: “No invadirás instituciones públicas”. Un poco perverso porque ya hace mucho que fueron retirados los símbolos religiosos, pero otros persisten porque son verdaderas joyas y patrimonio de todos los ciudadanos. Les molesta que existan capillas y capellanes en hospitales. Como se ve es todo muy democrático, la solución es suprimir no facilitar la expresión de la fe de los ciudadanos.

El séptimo no tiene desperdicio “Cederás tu patrimonio al Estado”. Miren que bien, ahora las Iglesias se despojarán de sus joyas arquitectónicas y artísticas y formarán parte de los museos. Allí se venerará el Cristo de Velásquez, la Inmaculada, etc. Lo cierto es que este patrimonio de la Iglesia lo disfruta todo el pueblo español y tiene un coste de mantenimiento que a nadie se le escapa. Es lógico que siga en manos de quienes recibieron esas donaciones por parte de fieles y mecenas. También es lógico que el Estado cuide de esos edificios y no se dedique a saquearlos como algunos desearían.

El octavo habla de “Acatarás la ley de datos”. La apostasía es una reivindicación exclusiva de unos cuantos ateos confesos a quienes les molesta estar registrados en las partidas de bautismo. Es un empeño sin sentido producto de la falta de formación religiosa. Cuando uno ha sido bautizado lo será para siempre. Es un don recibido de manos de padre y padrinos y se posee la libertad de renegar de la fe, esa apostasía existe desde el mismo momento que se rechaza a Dios, pero no tiene porqué figurar en ningún registro religioso. Porque sería un contrasentido.

El noveno proclama “No utilizarás los medios públicos”. Les molesta las retrasmisiones religiosas. El Estado facilita el culto a fieles que no pueden acudir a las parroquias por enfermedad y los laicistas acusan al Estado de favorecer la libertad de culto en una cadena pública. ¿Pues no dice la Constitución y los Derechos Humanos que la libertad religiosa tiene que ser respetada?. Se puede ver el carácter sectario de ciertos grupos que desean suprimir cualquier manifestación pública de la fe.

Por último el décimo sentencia: “Te autofinanciarás”. Ahí estamos en la declaración de la renta con una cruz que deben marcar todos los católicos si desean financiar a su Iglesia. Por cierto, es urgente dado el carácter laicista de algunos, que mi dinero no vaya a bonificar ninguna manifestación sacrílega o representación que atenta contra mi fe. Eso también es libertad.

Podríamos seguir debatiendo este interesante panorama que se cierne recurrentemente sobre nuestra sociedad. Las ligas ateas, los laicistas de pro, son indudablemente menos significativos de lo que quisieran, pero hacen mucho ruido. Lo sensato no es polarizar a la sociedad, sino establecer un diálogo fluido con todas las confesiones religiosas y fomentar desde los poderes públicos garantías suficientes para que puedan manifestar públicamente su fe.

viernes, 9 de mayo de 2008

La primera y la última comunión

He asistido al espectáculo de las primeras comuniones. No iba invitada por nadie, sencillamente acudía a participar de la eucaristía. Allí he sido sorprendida por ese primer acto social de cualquier niño católico. Clara y diáfana la homilía, “ruego a los padres que sigan educando en la fe; que está no sea la primera y la última eucaristía; que Jesús es un amigo y a los amigos si no se les trata a menudo, terminamos por perderlos”.

Veía a los niños ilusionados y también veía el penoso espectáculo de algunos invitados. Cámaras por todos los lados, vestiditos para el banquete posterior. En fin, que a todo aquel barullo le faltaba mucha catequesis de adultos. ¿Pero quién le pone el cascabel al gato?. Porque la realidad es la que es, y lo que debiera ser nos lo sabemos muy bien. Pero qué difícil es acertar en una participación activa de todos los católicos.

Estoy convencida que vamos hacia una minoría significativa. Lo religioso ya no forma parte de la educación, sino media el interés de los padres. Y a estos también les va fallando la cultura religiosa. Si no has formado parte de un colegio católico, la religión recibida en las clases optativas de la escuela pública finaliza en la ESO, es decir a los doce o trece años. De ahí en adelante la postura del joven se aleja cada vez más de la fe.

La pastoral familiar ante el bautismo, la comunión, la confirmación, el matrimonio, la unción de enfermos e incluso en los funerales, es la única vía de predicación por no decir de evangelización. Ya no se trata de dirigirse a los feligreses católicos, cada día menos numerosos. Se trata de que se aprovechen esos actos sociales en los que se encuentran en la Iglesia reunidos aquellos que no creen y otros que tratan de vivir su fe.

Es necesario que en los seminarios se eduque en la predicación, que no consiste en un ratito de charla desmenuzando cuatro o cinco ideas. Los sermones tienen que ser diarios, en cada eucaristía. No es de recibo que frente a la secularización galopante, se olvide esta parte esencial de la Misa. Para reducirla a las eucaristías dominicales. El predicador debe estar las veinticuatro horas dispuesto a dar testimonio de la fe.

Es una propuesta que he visto llevar a cabo en alguna parroquia. Libros de homilías diarias, donde tras la lectura del Evangelio se realiza un pequeño sermón. Da igual que sea leído y no de cosecha propia. Lo esencial es que aparte de las lecturas y la eucaristía, hay unas palabras de pedagogía cristiana. Se puede hacer hincapié en el santo del día, en alguna virtud teologal, en las lecturas del día. Teniendo en cuenta la ignorancia religiosa resulta más acuciante que nunca explicar los pasajes de la Biblia.

Pues todo eso deberia formar parte de ese pequeño sermón diario o dominical. Y me parece que ahí se encuentra un potencial muy abandonado. Porque luego ya sabemos que el Consejo Pastoral, los catequistas y voluntarios, ponen lo mejor de sí mismo. Sin embargo, es la voz del párroco la que puede escucharse en todas las misas.

Es muy triste acudir a una eucaristía semanal en la que se olvida de cuidar la palabra. Desaprovechando tal vez una oportunidad única para orientar a los participantes de la Eucaristía. Me gustaría que algún sacerdote, posible lector de este blog, diese su opinión al respecto. Yo de momento dejo caer la idea. Es probable que en otros sitios se lleven a cabo experiencias similares. Si es así, sería agradable conocerlas.

La primera y la última comunión

He asistido al espectáculo de las primeras comuniones. No iba invitada por nadie, sencillamente acudía a participar de la eucaristía. Allí he sido sorprendida por ese primer acto social de cualquier niño católico. Clara y diáfana la homilía, “ruego a los padres que sigan educando en la fe; que está no sea la primera y la última eucaristía; que Jesús es un amigo y a los amigos si no se les trata a menudo, terminamos por perderlos”.

Veía a los niños ilusionados y también veía el penoso espectáculo de algunos invitados. Cámaras por todos los lados, vestiditos para el banquete posterior. En fin, que a todo aquel barullo le faltaba mucha catequesis de adultos. ¿Pero quién le pone el cascabel al gato?. Porque la realidad es la que es, y lo que debiera ser nos lo sabemos muy bien. Pero qué difícil es acertar en una participación activa de todos los católicos.

Estoy convencida que vamos hacia una minoría significativa. Lo religioso ya no forma parte de la educación, sino media el interés de los padres. Y a estos también les va fallando la cultura religiosa. Si no has formado parte de un colegio católico, la religión recibida en las clases optativas de la escuela pública finaliza en la ESO, es decir a los doce o trece años. De ahí en adelante la postura del joven se aleja cada vez más de la fe.

La pastoral familiar ante el bautismo, la comunión, la confirmación, el matrimonio, la unción de enfermos e incluso en los funerales, es la única vía de predicación por no decir de evangelización. Ya no se trata de dirigirse a los feligreses católicos, cada día menos numerosos. Se trata de que se aprovechen esos actos sociales en los que se encuentran en la Iglesia reunidos aquellos que no creen y otros que tratan de vivir su fe.

Es necesario que en los seminarios se eduque en la predicación, que no consiste en un ratito de charla desmenuzando cuatro o cinco ideas. Los sermones tienen que ser diarios, en cada eucaristía. No es de recibo que frente a la secularización galopante, se olvide esta parte esencial de la Misa. Para reducirla a las eucaristías dominicales. El predicador debe estar las veinticuatro horas dispuesto a dar testimonio de la fe.

Es una propuesta que he visto llevar a cabo en alguna parroquia. Libros de homilías diarias, donde tras la lectura del Evangelio se realiza un pequeño sermón. Da igual que sea leído y no de cosecha propia. Lo esencial es que aparte de las lecturas y la eucaristía, hay unas palabras de pedagogía cristiana. Se puede hacer hincapié en el santo del día, en alguna virtud teologal, en las lecturas del día. Teniendo en cuenta la ignorancia religiosa resulta más acuciante que nunca explicar los pasajes de la Biblia.

Pues todo eso deberia formar parte de ese pequeño sermón diario o dominical. Y me parece que ahí se encuentra un potencial muy abandonado. Porque luego ya sabemos que el Consejo Pastoral, los catequistas y voluntarios, ponen lo mejor de sí mismo. Sin embargo, es la voz del párroco la que puede escucharse en todas las misas.

Es muy triste acudir a una eucaristía semanal en la que se olvida de cuidar la palabra. Desaprovechando tal vez una oportunidad única para orientar a los participantes de la Eucaristía. Me gustaría que algún sacerdote, posible lector de este blog, diese su opinión al respecto. Yo de momento dejo caer la idea. Es probable que en otros sitios se lleven a cabo experiencias similares. Si es así, sería agradable conocerlas.

viernes, 2 de mayo de 2008

Los gurús mediáticos

Tendremos que reconocer que los comunicadores de los grandes holding mediáticos, no están por calmar las aguas revueltas. Ni por ser constructores de serenidad. Y eso que nos va en ello la paz de este país visceral. La violencia verbal existe, y algunos son maestros de la dialéctica convertida en bazofia. Actúan como matones a sueldo, provocando para llegar al enfrentamiento. El camino siempre es el mismo, el más sensato calla, el bronquista se crece.

Están divididos y a quienes no se sienten identificados con ellos, les caen vía sarcasmo y mordacidad los peores epítetos. El tema está en boca de todos. Lo que cuenta es avasallar al contrario. Y en eso se convierten los programas basura sin moderador, donde las buenas formas son sustituidas por palabras malsonantes y barriobajeras. De manera que la radio y la televisión siguen trasmitiendo una educación paralela hacia toda la sociedad.

Como reflejo de esa cultural dominante, los blogs heredan parte de esa sibilina crispación. Y lo peor es que esto llega a los hogares, se trasmite a los hijos, y finaliza en dramas incomprensibles entre menores. Luego nos preguntamos cómo es posible tanta violencia gratuita. Pues es evidente, entre la estocada fina, la respuesta educada, y la descalificación a priori, hay un gran abismo. Los maestros en lo último son como los pirómanos. Y sálvese quien pueda.

Algunos periodistas de la COPE y otros de la SER, los de El Plural y los de Libertad Digital, marcan la agenda de este país. Y se han crecido tanto que ya no saben o pueden parar. Es como “un salto en el vacío”. ¿Llevarán paracaídas?. De momento necesitan todo un bufete de abogados para tramitarles las demandas. Y ni se inmutan, porque con la ley “largo me lo fiáis”.

El caso es que hay otro grupo que no quiere tomar partido. Mejor aún que lo ha tomado y busca la vía de la transición, donde todos tenían claro que había que trabajar por el país. Desgraciadamente, tienen que abandonar tribunas públicas y volver hacia los cuarteles de invierno a la espera de mejor ocasión.

La opinión pública se balancea en manos de estos “gurús”. Y yo no me creo que detrás exista un interés patriótico. El caso es que como las cosas sigan así, la España cainita puede resurgir de sus cenizas. Nos acercamos a las celebraciones del 2 de Mayo, que supuso un pistoletazo de salida para toda una nación. A veces no se sabe bien por qué pasan las cosas, pero cuando unos quieren una izquierda más a la izquierda del PSOE, otros acusan a un partido liberal de estar a la extrema derecha; los hay que se cuestionan símbolos religiosos en la toma de poder de los nuevos ministros; otros acusan a los obispos de tener entre sus filas a un ateo. El caldo de cultivo puede prender en cualquier mecha inesperada.

Allá cada cuál, pero los medios de comunicación no debieran ser tribunas para la provocación. Esto no deja de ser mi opinión. Aunque es cierto que a veces las situaciones obligan a tomar partido. Pero antes, procuremos medir las consecuencias.

No quiero dejar de mencionar el encontronazo con el presidente de la CONFER que acusa a algunos bloggers de extremistas. Si ayer reflexionaba sobre ello hoy, no puedo dejar de anotar que su respuesta tampoco fue muy atinada, aunque corresponda a una reacción natural ante ataques personales. Pero lo cierto es que como representante de los religiosos, también debiera manifestar su disgusto por aquellos religiosos que amparados en sus congregaciones, manifiestan posturas y opiniones que causan escándalo en los laicos. Digo yo, que una de cal y otro de arena, tampoco estaría de más. O al final la única satisfacción que podrá tener la CONFER es de haber ampliado el número de asociaciones agrupadas en Redes Cristianas.

Los gurús mediáticos

Tendremos que reconocer que los comunicadores de los grandes holding mediáticos, no están por calmar las aguas revueltas. Ni por ser constructores de serenidad. Y eso que nos va en ello la paz de este país visceral. La violencia verbal existe, y algunos son maestros de la dialéctica convertida en bazofia. Actúan como matones a sueldo, provocando para llegar al enfrentamiento. El camino siempre es el mismo, el más sensato calla, el bronquista se crece.

Están divididos y a quienes no se sienten identificados con ellos, les caen vía sarcasmo y mordacidad los peores epítetos. El tema está en boca de todos. Lo que cuenta es avasallar al contrario. Y en eso se convierten los programas basura sin moderador, donde las buenas formas son sustituidas por palabras malsonantes y barriobajeras. De manera que la radio y la televisión siguen trasmitiendo una educación paralela hacia toda la sociedad.

Como reflejo de esa cultural dominante, los blogs heredan parte de esa sibilina crispación. Y lo peor es que esto llega a los hogares, se trasmite a los hijos, y finaliza en dramas incomprensibles entre menores. Luego nos preguntamos cómo es posible tanta violencia gratuita. Pues es evidente, entre la estocada fina, la respuesta educada, y la descalificación a priori, hay un gran abismo. Los maestros en lo último son como los pirómanos. Y sálvese quien pueda.

Algunos periodistas de la COPE y otros de la SER, los de El Plural y los de Libertad Digital, marcan la agenda de este país. Y se han crecido tanto que ya no saben o pueden parar. Es como “un salto en el vacío”. ¿Llevarán paracaídas?. De momento necesitan todo un bufete de abogados para tramitarles las demandas. Y ni se inmutan, porque con la ley “largo me lo fiáis”.

El caso es que hay otro grupo que no quiere tomar partido. Mejor aún que lo ha tomado y busca la vía de la transición, donde todos tenían claro que había que trabajar por el país. Desgraciadamente, tienen que abandonar tribunas públicas y volver hacia los cuarteles de invierno a la espera de mejor ocasión.

La opinión pública se balancea en manos de estos “gurús”. Y yo no me creo que detrás exista un interés patriótico. El caso es que como las cosas sigan así, la España cainita puede resurgir de sus cenizas. Nos acercamos a las celebraciones del 2 de Mayo, que supuso un pistoletazo de salida para toda una nación. A veces no se sabe bien por qué pasan las cosas, pero cuando unos quieren una izquierda más a la izquierda del PSOE, otros acusan a un partido liberal de estar a la extrema derecha; los hay que se cuestionan símbolos religiosos en la toma de poder de los nuevos ministros; otros acusan a los obispos de tener entre sus filas a un ateo. El caldo de cultivo puede prender en cualquier mecha inesperada.

Allá cada cuál, pero los medios de comunicación no debieran ser tribunas para la provocación. Esto no deja de ser mi opinión. Aunque es cierto que a veces las situaciones obligan a tomar partido. Pero antes, procuremos medir las consecuencias.

No quiero dejar de mencionar el encontronazo con el presidente de la CONFER que acusa a algunos bloggers de extremistas. Si ayer reflexionaba sobre ello hoy, no puedo dejar de anotar que su respuesta tampoco fue muy atinada, aunque corresponda a una reacción natural ante ataques personales. Pero lo cierto es que como representante de los religiosos, también debiera manifestar su disgusto por aquellos religiosos que amparados en sus congregaciones, manifiestan posturas y opiniones que causan escándalo en los laicos. Digo yo, que una de cal y otro de arena, tampoco estaría de más. O al final la única satisfacción que podrá tener la CONFER es de haber ampliado el número de asociaciones agrupadas en Redes Cristianas.

viernes, 25 de abril de 2008

Comunicadores al servicio de la infoética



Es un término que ya forma parte de la actualidad: la infoética. Algo que se refleja en el mensaje de Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Término nuevo como la bioética, pero con futuro asegurado. Más que nunca vivimos interrelacionados unos con otros a través de medios de comunicación como Internet. En su momento el tema ya fue tratado en el tercer congreso de la UNESCO para estimular la reflexión y el debate sobre los aspectos éticos, jurídicos y societales de la Sociedad de la Información. Desde aquella lejana convocatoria del 2.000, no han cesado de tratarse estos temas en otros foros y congresos.

Lo que se pide es que tanto la prensa escrita, la televisión, el cine, o la Red, posean un código deontológico que supere la cuota de mercado basada en el producto y beneficio. La comunicación social afecta a toda la colectividad humana. Y más allá de permitir vivir dignamente de su trabajo, tendrá que tener un mínimo común denominador que se base en el servicio al bien común.

Si la influencia de estos medios es innegable, los responsables de los mismos, deben conocer límites que no se pueden traspasar. Esta eclosión virtual de la red, que son los blogs, permite una aportación generosa al servicio de la comunidad, pero facilita también la entrada tanto de lo bueno como de lo malo. Igual que no se puede arrancar la cizaña sin dañar al trigo. Resulta imposible parar a los trolls sin unas medidas de censura claras que los identifique.

Por ello la infoética pasa por ser asignatura necesaria para formar comunicadores, que más allá de la cuota de mercado, asuman la responsabilidad de trasmitir claramente lo que es información y lo que es opinión. La Iglesia ha tomado el pulso a lo cotidiano en esta materia, y son numerosas las ventanas abiertas con innumerables web. Desde allí emite información y formación de la fe, al acceso de cualquier usuario de la red.

No es extraño que se desee tener emisoras que trasmitan otro lenguaje alternativo al que estamos acostumbrados. Que impregnen a través de las ondas los valores del humanismo cristiano. Si esto no se consigue la credibilidad queda menguada.

La infoética no puede ser una palabra bonita, sino que debe convertirse en materia de estudio. Es cierto que tenemos tendencia a dejarnos llevar por el pensamiento dominante, que cada día se necesita una mayor dosis de silencio interior ante el bombardeo de estímulos exteriores desde todos los ámbitos de la sociedad.

Por ello crear portales con infoética, marcarán la credibilidad futura de esos medios. La prioridad para dar a conocer opiniones con mesura, sin esas descalificaciones grotescas que pasan a formar parte de las conversaciones cotidianas, es un reto al que los cristianos debemos apuntarnos. Todos somos responsables y para educar hay que ser críticos, tener una brújula de orientación clara. Si deseamos lo mejor para los demás, la labor es mucho más fácil y grata.

Y por último, como siempre, considerar que la información tiende a estar manipulada a veces incluso de manera consciente, en otras ocasiones como producto de los estímulos recibidos. No siempre hay una mano dirigiendo, pero cualquier persona que trabaje en la comunicación sabe, que su criterio en la selección y tratamiento de temas, sirve para formar a otras personas.

Tener sentido crítico, es necesario. Pero también lo es mantener la libertad de expresión dentro de los parámetros del diálogo y la interrelación de fuentes y contenidos. De manera que unos a otros vayamos aportando y enriqueciendo los debates. Esa capacidad de interactuar es la novedad más prodigiosa del futuro de las comunicaciones. No será difícil en un futuro próximo que la participación ciudadana se realice desde los hogares hacia las fuentes de comunicación. De momento ya es una realidad en la red y su uso permite acceder en fracciones de segundo al intercambio.