miércoles, 27 de septiembre de 2006

75 aniversario del derecho al voto de la mujer


El próximo 1 de octubre se cumplirá el 75 aniversario del derecho al voto de la mujer. El artículo 46 de la Constitución de la II República se ratificó en 1931 con una votación ajustada: 131 votos a favor, frente a 127 en contra, estando ausente el 45 % de los diputados.
Las instituciones celebrarán esta conmemoración recordando la figura política de Campoamor, su participación en las Cortes republicanas, y su trabajo como una de las primeras abogadas españolas.
Fue decisiva la tenacidad de la diputada Clara Campoamor para rebatir a tod@s l@s diputad@s que pretendían retrasar el reconocimiento del voto a la mujer, entre quienes se encontraban las feministas Victoria Kent, del Partido radical socialista y Margarita Nelken del PSOE, quienes consideraban inoportuno el reconocimiento del voto femenino pues temían que se desplazase hacia la derecha.
Lo que hoy en día resulta natural, el derecho al voto en igualdad con los hombres, se consiguió hace apenas 75 años, siendo España el 441 Estado en hacerlo. Para las feministas españolas Clara Campoamor es una líder política extraordinaria, para quien el derecho al sufragio de las mujeres era un principio político irrenunciable, por encima de los intereses de su partido, lo que pagó con el ostracismo.
Nacida en Madrid en 1888 en el seno de una familia sencilla de pensamiento liberal-progresista, empezó a trabajar con apenas 13 años como modista junto a su madre. En 1909 obtuvo plaza por oposición en el cuerpo auxiliar de Telégrafos. En 1914 consigue una plaza como profesora en la Escuela de Adultos de Madrid, al mismo tiempo participaría en periódicos como Nuevo Heraldo, El Sol y El Tiempo. En 1924 se gradúa como licenciada en Derecho por la Universidad de Madrid, pasando a ser miembro del colegio de abogados en 1925. Inicia por esa época su actividad política centrada en los derechos no reconocidos de la mujer. Forma parte del Comité Organizador de la Agrupación Liberal Socialista y pasa a Acción Republicana. Posteriormente se une al Partido Radical con el que, en 1931, es elegida diputada por Madrid. Es una de las primeras mujeres en obtener un escaño en el Parlamento. En 1935 deja el Partido Radical, es rechazada por parte de Izquierda Republicana y trata de organizar un partido político independiente que represente los derechos de la mujer. En ese año es nombrada Presidenta de la Organización Pro-Infancia Obrera de Asturias.
Tras el golpe militar de 1936, se exilia en Francia, Buenos Aires y Suiza, donde moriría en 1972 en la ciudad de Lausanne a la edad de 84 años.
El 30 de septiembre se realizarán diversos actos en el Ateneo de Madrid en homenaje a Clara Campoamor y a la victoria del derecho al sufragio. En ellos se desea analizar los 75 años de conquistas de las mujeres y nuestra situación actual, qué se ha conseguido y qué nos falta, cuál ha sido nuestra fuerza en estas décadas y cuáles nuestras debilidades.
Fueron aquellas ilustres antepasadas quienes abrieron la puerta de la mujer al mundo laboral y académico, es justo recordarlas y hacer memoria de la historia social del feminismo en España.

75 aniversario del derecho al voto de la mujer


El próximo 1 de octubre se cumplirá el 75 aniversario del derecho al voto de la mujer. El artículo 46 de la Constitución de la II República se ratificó en 1931 con una votación ajustada: 131 votos a favor, frente a 127 en contra, estando ausente el 45 % de los diputados.
Las instituciones celebrarán esta conmemoración recordando la figura política de Campoamor, su participación en las Cortes republicanas, y su trabajo como una de las primeras abogadas españolas.
Fue decisiva la tenacidad de la diputada Clara Campoamor para rebatir a tod@s l@s diputad@s que pretendían retrasar el reconocimiento del voto a la mujer, entre quienes se encontraban las feministas Victoria Kent, del Partido radical socialista y Margarita Nelken del PSOE, quienes consideraban inoportuno el reconocimiento del voto femenino pues temían que se desplazase hacia la derecha.
Lo que hoy en día resulta natural, el derecho al voto en igualdad con los hombres, se consiguió hace apenas 75 años, siendo España el 441 Estado en hacerlo. Para las feministas españolas Clara Campoamor es una líder política extraordinaria, para quien el derecho al sufragio de las mujeres era un principio político irrenunciable, por encima de los intereses de su partido, lo que pagó con el ostracismo.
Nacida en Madrid en 1888 en el seno de una familia sencilla de pensamiento liberal-progresista, empezó a trabajar con apenas 13 años como modista junto a su madre. En 1909 obtuvo plaza por oposición en el cuerpo auxiliar de Telégrafos. En 1914 consigue una plaza como profesora en la Escuela de Adultos de Madrid, al mismo tiempo participaría en periódicos como Nuevo Heraldo, El Sol y El Tiempo. En 1924 se gradúa como licenciada en Derecho por la Universidad de Madrid, pasando a ser miembro del colegio de abogados en 1925. Inicia por esa época su actividad política centrada en los derechos no reconocidos de la mujer. Forma parte del Comité Organizador de la Agrupación Liberal Socialista y pasa a Acción Republicana. Posteriormente se une al Partido Radical con el que, en 1931, es elegida diputada por Madrid. Es una de las primeras mujeres en obtener un escaño en el Parlamento. En 1935 deja el Partido Radical, es rechazada por parte de Izquierda Republicana y trata de organizar un partido político independiente que represente los derechos de la mujer. En ese año es nombrada Presidenta de la Organización Pro-Infancia Obrera de Asturias.
Tras el golpe militar de 1936, se exilia en Francia, Buenos Aires y Suiza, donde moriría en 1972 en la ciudad de Lausanne a la edad de 84 años.
El 30 de septiembre se realizarán diversos actos en el Ateneo de Madrid en homenaje a Clara Campoamor y a la victoria del derecho al sufragio. En ellos se desea analizar los 75 años de conquistas de las mujeres y nuestra situación actual, qué se ha conseguido y qué nos falta, cuál ha sido nuestra fuerza en estas décadas y cuáles nuestras debilidades.
Fueron aquellas ilustres antepasadas quienes abrieron la puerta de la mujer al mundo laboral y académico, es justo recordarlas y hacer memoria de la historia social del feminismo en España.

sábado, 23 de septiembre de 2006

Libertad de expresión

Hablar de la libertad de expresión queda bien, pero si lo que se pretende es establecer unas normas de respeto, donde no todo vale, entonces los halcones de la libertad hablan
de censura. El fantasma de la dictadura franquista sigue revoloteando en el subconsciente. No hay manera de liberarse de él. Si se protesta porque alguien extralimitando su libertad de expresión habla de “la puta España”, se le considera fascista de inmediato. Se abre la caja de truenos y una manada de librepensadores defiende a capa y espada la libertad de expresión. ¿Consiste la libertad en ofender, insultar, calumniar, desacreditar?.
Establecer unos límites de respeto y educación no debería considerarse un atentado contra la libertad, sino una indicación de dónde debe estar situada la frontera. Quienes nos dedicamos a la educación como profesión sabemos que los niños necesitan referentes claros, saber lo que está bien y lo que está mal. Y de eso es de lo que yo quiero tratar, de la necesidad imperativa de marcar límites. Todos deberíamos implicarnos porque en ello nos va la futura convivencia y la educación de los más jóvenes.
¿Cómo se le puede pedir a un niño que respete la autoridad, si esta autoridad es cuestionada en los espectáculos, la música, la prensa, la televisión?. ¿Que idea quedará en su subconsciente de la palabra respeto, cuando lo que se idolatra es la actitud de una chulesca rebeldía?.
Las palabras malsonantes han invadido las tertulias televisivas, con una total falta de respeto hacia los espectadores. Un poquito de “por favor”, de “usted disculpe” y de “lo siento”, no deberían considerarse expresiones pasadas de moda. Vuelvo por tanto a la tan cuestionada asignatura de Educación para la ciudadanía. El adulto debe ser responsable de sus opiniones, saber que con ellas está influyendo en el pensamiento de los más jóvenes. Marcar unos límites es necesario, de lo contrario no existirían en nuestro diccionario términos como insulto, injuria, difamación. En ellos residen los límites establecidos de común acuerdo, sin que por ello se atente contra la libertad de expresión. Se pueden decir las cosas con claridad, argumentándolas y defendiéndolas con inteligencia, sin necesitar para ello de expresiones soeces. Y se debe de pedir disculpas cuando se ofende.
Lo que sucede es que hemos pasado de una sociedad censurada a una libertad mal interpretada. El todo puede criticarse ha bajado tanto el listón, que desde cualquier tertulia se grita y vocifera con una total falta de respeto hacia el otro.
¿Cuándo va a llegar el momento de clarificar los términos?. Parece que apelar a la moral o a la ética está trasnochado. Se olvida que todas las sociedades civilizadas han basado su convivencia en unos valores naturales y el código civil tiene su fundamento en esos mismos valores. Incitar a la trasgresión de las leyes no puede considerarse libertad de expresión, sino falta de responsabilidad social.
Las campañas de limitación de velocidad, de información sobre los riesgos del tabaco, de sexualidad responsable, están incidiendo en educar a la ciudadanía en unos comportamientos que deberíamos tener asumidos al llegar a la mayoría de edad. Algo no va bien cuando se considera que se tiene derecho a todo sin pensar en los demás. No vayamos a pensar que una asignatura resuelve el futuro de la sociedad. Es la sociedad quien debe educar desde todos los ámbitos, comprometiendo en ello a todos los ciudadanos.
Seguramente estas reflexiones no les parezcan bien a los defensores de la libertad. Y es que ven peligroso cualquier límite, sin tener en cuenta que el hombre estableció la ley para poder convivir. Y la máxima ”no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”, tiene su raíz en el Evangelio, le pese a quien le pese.

Libertad de expresión

Hablar de la libertad de expresión queda bien, pero si lo que se pretende es establecer unas normas de respeto, donde no todo vale, entonces los halcones de la libertad hablan
de censura. El fantasma de la dictadura franquista sigue revoloteando en el subconsciente. No hay manera de liberarse de él. Si se protesta porque alguien extralimitando su libertad de expresión habla de “la puta España”, se le considera fascista de inmediato. Se abre la caja de truenos y una manada de librepensadores defiende a capa y espada la libertad de expresión. ¿Consiste la libertad en ofender, insultar, calumniar, desacreditar?.
Establecer unos límites de respeto y educación no debería considerarse un atentado contra la libertad, sino una indicación de dónde debe estar situada la frontera. Quienes nos dedicamos a la educación como profesión sabemos que los niños necesitan referentes claros, saber lo que está bien y lo que está mal. Y de eso es de lo que yo quiero tratar, de la necesidad imperativa de marcar límites. Todos deberíamos implicarnos porque en ello nos va la futura convivencia y la educación de los más jóvenes.
¿Cómo se le puede pedir a un niño que respete la autoridad, si esta autoridad es cuestionada en los espectáculos, la música, la prensa, la televisión?. ¿Que idea quedará en su subconsciente de la palabra respeto, cuando lo que se idolatra es la actitud de una chulesca rebeldía?.
Las palabras malsonantes han invadido las tertulias televisivas, con una total falta de respeto hacia los espectadores. Un poquito de “por favor”, de “usted disculpe” y de “lo siento”, no deberían considerarse expresiones pasadas de moda. Vuelvo por tanto a la tan cuestionada asignatura de Educación para la ciudadanía. El adulto debe ser responsable de sus opiniones, saber que con ellas está influyendo en el pensamiento de los más jóvenes. Marcar unos límites es necesario, de lo contrario no existirían en nuestro diccionario términos como insulto, injuria, difamación. En ellos residen los límites establecidos de común acuerdo, sin que por ello se atente contra la libertad de expresión. Se pueden decir las cosas con claridad, argumentándolas y defendiéndolas con inteligencia, sin necesitar para ello de expresiones soeces. Y se debe de pedir disculpas cuando se ofende.
Lo que sucede es que hemos pasado de una sociedad censurada a una libertad mal interpretada. El todo puede criticarse ha bajado tanto el listón, que desde cualquier tertulia se grita y vocifera con una total falta de respeto hacia el otro.
¿Cuándo va a llegar el momento de clarificar los términos?. Parece que apelar a la moral o a la ética está trasnochado. Se olvida que todas las sociedades civilizadas han basado su convivencia en unos valores naturales y el código civil tiene su fundamento en esos mismos valores. Incitar a la trasgresión de las leyes no puede considerarse libertad de expresión, sino falta de responsabilidad social.
Las campañas de limitación de velocidad, de información sobre los riesgos del tabaco, de sexualidad responsable, están incidiendo en educar a la ciudadanía en unos comportamientos que deberíamos tener asumidos al llegar a la mayoría de edad. Algo no va bien cuando se considera que se tiene derecho a todo sin pensar en los demás. No vayamos a pensar que una asignatura resuelve el futuro de la sociedad. Es la sociedad quien debe educar desde todos los ámbitos, comprometiendo en ello a todos los ciudadanos.
Seguramente estas reflexiones no les parezcan bien a los defensores de la libertad. Y es que ven peligroso cualquier límite, sin tener en cuenta que el hombre estableció la ley para poder convivir. Y la máxima ”no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”, tiene su raíz en el Evangelio, le pese a quien le pese.

miércoles, 20 de septiembre de 2006

Al Qaeda amenaza a Occidente



Las palabras del Papa no han servido para nada. Su cita sacada de contexto sigue provocando numerosas protestas. Lo que estamos viviendo resulta altamente preocupante. No por las protestas en sí, en principio nada que objetar, a mí me molesta cualquier cita que sea irreverente con Jesucristo o la Iglesia, pero vivo en un país democrático donde hay libertad de expresión, eso me hace comprender que un ateo pueda ser irreverente. No está obligado a pensar lo mismo que yo, de hecho hay mucha mofa en viñetas y comentarios a cuenta de la Iglesia católica.
Lo que no termino de entender es que para ir contra el Papa, algunos prefieran que nos dobleguemos a la voluntad de los islamistas. Se habla de "palabras desafortunadas y falta de diplomacia". Perdonen que discrepe, la diplomacia vaticana sabe bien lo que hace, lleva siglos en ese oficio. Por ello el domingo el Papa personalmente pidió disculpas por haber ofendido con su cita a los musulmanes. Creo que es más que suficiente, no puede pedir perdón de aquello que no dijo, pero sí manifestar su pesar por como se interpretaron sus palabras. Sin embargo esto no ha bastado para Al Qaeda y sus seguidores. El Papa ha sido condenado y con él todo Occidente.
Creo que es un buen momento para pedir claridad al islamismo moderado. Si bien se han escuchado algunas voces calmando los ánimos, otras han convocado para el viernes próximo nuevos actos de protesta.He visto muchas veces quemar banderas y ridiculizar dignatarios con caricaturas, así que puedo entender que se queme una imagen del Papa. Pero si la aternativa es la conversión o la muerte, me parece muy grave porque me siento amenazada.En mi ciudad hay una mezquita y cada día son más los creyentes del Corán. Bienvenidos todos ellos aunque desearía escuchar del imán unas palabras claras desmarcándose de la Yihad. Mejor aún me gustaría exigir esas palabras para saber que el peligro no se cierne sobre nosotros.Aclaro que soy partidaria del diálogo religioso y de la interculturalidad, pero entiendo que para ello debe existir una base de mutuo respeto. Tal vez sea un buen momento para que las diplomacias europeas clarifiquen las posturas entre quienes buscan ese diálogo y quienes entienden sólo de sables y de bombas

Al Qaeda amenaza a Occidente



Las palabras del Papa no han servido para nada. Su cita sacada de contexto sigue provocando numerosas protestas. Lo que estamos viviendo resulta altamente preocupante. No por las protestas en sí, en principio nada que objetar, a mí me molesta cualquier cita que sea irreverente con Jesucristo o la Iglesia, pero vivo en un país democrático donde hay libertad de expresión, eso me hace comprender que un ateo pueda ser irreverente. No está obligado a pensar lo mismo que yo, de hecho hay mucha mofa en viñetas y comentarios a cuenta de la Iglesia católica.
Lo que no termino de entender es que para ir contra el Papa, algunos prefieran que nos dobleguemos a la voluntad de los islamistas. Se habla de "palabras desafortunadas y falta de diplomacia". Perdonen que discrepe, la diplomacia vaticana sabe bien lo que hace, lleva siglos en ese oficio. Por ello el domingo el Papa personalmente pidió disculpas por haber ofendido con su cita a los musulmanes. Creo que es más que suficiente, no puede pedir perdón de aquello que no dijo, pero sí manifestar su pesar por como se interpretaron sus palabras. Sin embargo esto no ha bastado para Al Qaeda y sus seguidores. El Papa ha sido condenado y con él todo Occidente.
Creo que es un buen momento para pedir claridad al islamismo moderado. Si bien se han escuchado algunas voces calmando los ánimos, otras han convocado para el viernes próximo nuevos actos de protesta.He visto muchas veces quemar banderas y ridiculizar dignatarios con caricaturas, así que puedo entender que se queme una imagen del Papa. Pero si la aternativa es la conversión o la muerte, me parece muy grave porque me siento amenazada.En mi ciudad hay una mezquita y cada día son más los creyentes del Corán. Bienvenidos todos ellos aunque desearía escuchar del imán unas palabras claras desmarcándose de la Yihad. Mejor aún me gustaría exigir esas palabras para saber que el peligro no se cierne sobre nosotros.Aclaro que soy partidaria del diálogo religioso y de la interculturalidad, pero entiendo que para ello debe existir una base de mutuo respeto. Tal vez sea un buen momento para que las diplomacias europeas clarifiquen las posturas entre quienes buscan ese diálogo y quienes entienden sólo de sables y de bombas

domingo, 17 de septiembre de 2006

Violencia escolar

Una menor es apaleada por una treintena de compañeros a la salida de la escuela. La noticia vuelve a incrementar la lista de la violencia escolar. Padres y profesores viven con preocupación el fenómeno. Todo el mundo se pregunta como atajar los conflictos de raíz. Unos apuestan por el diálogo, otros por un control más férreo y los hay quienes admiten la situación como un producto de la edad. Sin embargo no deja de ser preocupante que se incrementen las denuncias, o que ciertas comunidades se vean obligadas a tener su asociación contra el acoso, estableciendo medias preventivas en todos los centros.
El tema no es exclusivo de España, toda Europa vive el fenómeno con preocupación. En Inglaterra Blair ha propuesto controlar las familias conflictivas para detectar niños problemáticos antes de nacer. En principio queda claro que la cultura televisiva influye en el comportamiento social. Del mismo modo que los video juegos llenos de escenas violentas y la ausencia de los progenitores por una excesiva dedicación laboral. La igualdad de géneros ha cambiado también el tipo de violencia que ejercen las mujeres.
Asistimos a la formación de bandas juveniles en edad muy temprana, donde el papel de líder se consigue mediante actuaciones de riesgo que rozan el margen de la ley. El salto hacia la delincuencia se convierte en una fina línea capaz de cruzarse en cualquier momento. Grabar escenas de violencia escolar para dejarlas colgadas en Internet, exige medidas legales con urgencia. Del mismo modo que es imperativo devolver el prestigio al profesorado, en una sociedad donde todos opinan como se debe educar, sin consultar al docente comprometido en la labor. Hay que volver a definir los valores, limitar la libertad de expresión, comprometiendo a toda la sociedad en una labor de educación para la ciudadanía. Porque si entendemos que sólo una asignatura es capaz de educar al niño, es que no sabemos nada respecto a la educación. Ésta constituye un conjunto donde padres, educadores y sociedad, tienen claros los límites y saben atenerse a ellos. Mientras no clarifiquemos los valores que queremos para nuestra sociedad, viviremos en la confusión. En nombre de la tolerancia estamos construyendo una sociedad sin referentes éticos claros, el precio a pagar será un aumento de violencia y marginalidad, algo que se viene detectando estas últimas décadas y que no remite pese a las medidas adoptadas. Rebajar la ley del menor de 14 a 12 años no soluciona el problema. Con ello se confirma que las dificultades cada vez se producen en edad más temprana. Hay que hacer una labor social comprometida, como lo han sido las campañas para la prevención del SIDA, o la última Ley antitabaco. Comprometer al ciudadano con normas claras, es la mejor medida que se puede tomar. Ojalá el actual gobierno, empeñado como los anteriores en modificar la Ley de Educación, tuviera en cuenta las voces que claman, desde diferentes ámbitos, por solucionar la conflictividad en los centros escolares.