viernes, 12 de septiembre de 2008

Revisionismo histórico: "Los girasoles ciegos"



El cine español nos vuelve a meter en el túnel del tiempo para revivir los años inmediatamente posteriores al conflicto civil del treinta y seis en España. Es curioso que el revisionismo histórico siempre se realice sobre la misma esquina ideológica. La sufrida población de izquierdas, machacada por los nacionales. Tengo que reconocer que el guión, la interpretación y la factura de la película son excelentes. Puede concursar con dignidad en cualquier certamen internacional. El libro homónimo de Alberto Méndez ha servido para montar un buen guión llevado de la mano magistral de Rafael Azcona. La dirección de José Luis Cuerda, con una excelente fotografía y música, contribuyen a la excelente factura del flim.

La película muestra la cara de la derrota y la cara de la victoria, pero de modo muy parcial. Todas las guerras son tristes y la nuestra entre hermanos regó los campos de España con sangre inocente de un lado y otro. Esa es la gran película que todavía no se ha hecho. La que muestre la barbarie en ambos lados y no nos deje con una interpretación sesgada de la realidad. Eso no lo consigue esta película, como ninguna otra de las que se han emitido hasta ahora.

Los girasoles ciegos, sirven para presentarnos a un seminarista repelente, que proyecta una imagen negativa hacia toda la institución eclesial y además, apunta hacia el nacionalcatolicismo con una saña verdaderamente canalla. Un ser abyecto que abandonó el seminario para ganar la guerra pistola en mano. Que confiesa haber matado y fusilado a muchos hombres; que no sabe rehacer su vida y que ni tan siquiera está seguro de su vocación. El morbo, como no podía ser de otro modo, viene aparejado por su voto de castidad que azuza su lujuria obsesiva hacia el personaje interpretado por Maribel Verdú.

Me entristece que se esté dando una imagen desfasada de la realidad. La historia de la película no es un relato biográfico y sin embargo, la gente sale completamente convencida de que la vida con Franco era así, con esa mezcolanza de sadismo y patriotismo fanático. No es por tanto una película para la reconciliación, sino para dejar un homenaje a los perdedores, como viene siendo habitual durante estos treinta años de democracia.

La trasgresión que le falta al cine y a la novela española es la de meterse en la piel del otro lado. La de los miles de religiosos y religiosas, sacerdotes y creyentes, que fueron ajusticiados exclusivamente por su fe. Junto a otros muchos inocentes que estaban en el lado equivocado de la contienda. Esos meses de julio y agosto del treinta y seis, están escritos con sangre de civiles cuyo único delito fue pensar y sentir de modo diferente a quienes les gobernaban en ese momento. A ellos les sacaron de su casa, no pudieron defenderse y merecen ser honrados por todos nosotros.

Creo que el verdadero revisionismo histórico está en considerar víctimas inocentes a unos y a otros. Pero si ello no fuera posible, al menos que alguien se atreva a adaptar “Muerte a los curas” de Martín Vigil; “Los cipreses creen en Dios” de José María Gironella. Y muchas otras obras que forman parte del patrimonio literario de todos los españoles. Pero nos presentan la otra cara de la moneda, la que ahora se oculta por extraños sentimientos de culpa, de vergüenza o de miedo al pensamiento dominante.

No estaría de más que junto a las series españolas que están revisando el pasado, volvieran a salir películas que educaron a unas cuantas generaciones y que hoy se considerarán insólitas, aunque forman parte de nuestra historia. Una visión sesgada lleva hacia el fanatismo y hoy más que nunca es necesario recordar que la Ley de amnistía de 1.977 liberó de la cárcel a todos los presos políticos.

Es hora por tanto de vivir la democracia y olvidar el pasado. Si acaso queremos rescatarlo no seamos mezquinos viendo exclusivamente una sola esquina. Hace falta reconciliación y grandeza de miras para pasar página y no azuzarnos los viejos fantasmas.

Revisionismo histórico: "Los girasoles ciegos"



El cine español nos vuelve a meter en el túnel del tiempo para revivir los años inmediatamente posteriores al conflicto civil del treinta y seis en España. Es curioso que el revisionismo histórico siempre se realice sobre la misma esquina ideológica. La sufrida población de izquierdas, machacada por los nacionales. Tengo que reconocer que el guión, la interpretación y la factura de la película son excelentes. Puede concursar con dignidad en cualquier certamen internacional. El libro homónimo de Alberto Méndez ha servido para montar un buen guión llevado de la mano magistral de Rafael Azcona. La dirección de José Luis Cuerda, con una excelente fotografía y música, contribuyen a la excelente factura del flim.

La película muestra la cara de la derrota y la cara de la victoria, pero de modo muy parcial. Todas las guerras son tristes y la nuestra entre hermanos regó los campos de España con sangre inocente de un lado y otro. Esa es la gran película que todavía no se ha hecho. La que muestre la barbarie en ambos lados y no nos deje con una interpretación sesgada de la realidad. Eso no lo consigue esta película, como ninguna otra de las que se han emitido hasta ahora.

Los girasoles ciegos, sirven para presentarnos a un seminarista repelente, que proyecta una imagen negativa hacia toda la institución eclesial y además, apunta hacia el nacionalcatolicismo con una saña verdaderamente canalla. Un ser abyecto que abandonó el seminario para ganar la guerra pistola en mano. Que confiesa haber matado y fusilado a muchos hombres; que no sabe rehacer su vida y que ni tan siquiera está seguro de su vocación. El morbo, como no podía ser de otro modo, viene aparejado por su voto de castidad que azuza su lujuria obsesiva hacia el personaje interpretado por Maribel Verdú.

Me entristece que se esté dando una imagen desfasada de la realidad. La historia de la película no es un relato biográfico y sin embargo, la gente sale completamente convencida de que la vida con Franco era así, con esa mezcolanza de sadismo y patriotismo fanático. No es por tanto una película para la reconciliación, sino para dejar un homenaje a los perdedores, como viene siendo habitual durante estos treinta años de democracia.

La trasgresión que le falta al cine y a la novela española es la de meterse en la piel del otro lado. La de los miles de religiosos y religiosas, sacerdotes y creyentes, que fueron ajusticiados exclusivamente por su fe. Junto a otros muchos inocentes que estaban en el lado equivocado de la contienda. Esos meses de julio y agosto del treinta y seis, están escritos con sangre de civiles cuyo único delito fue pensar y sentir de modo diferente a quienes les gobernaban en ese momento. A ellos les sacaron de su casa, no pudieron defenderse y merecen ser honrados por todos nosotros.

Creo que el verdadero revisionismo histórico está en considerar víctimas inocentes a unos y a otros. Pero si ello no fuera posible, al menos que alguien se atreva a adaptar “Muerte a los curas” de Martín Vigil; “Los cipreses creen en Dios” de José María Gironella. Y muchas otras obras que forman parte del patrimonio literario de todos los españoles. Pero nos presentan la otra cara de la moneda, la que ahora se oculta por extraños sentimientos de culpa, de vergüenza o de miedo al pensamiento dominante.

No estaría de más que junto a las series españolas que están revisando el pasado, volvieran a salir películas que educaron a unas cuantas generaciones y que hoy se considerarán insólitas, aunque forman parte de nuestra historia. Una visión sesgada lleva hacia el fanatismo y hoy más que nunca es necesario recordar que la Ley de amnistía de 1.977 liberó de la cárcel a todos los presos políticos.

Es hora por tanto de vivir la democracia y olvidar el pasado. Si acaso queremos rescatarlo no seamos mezquinos viendo exclusivamente una sola esquina. Hace falta reconciliación y grandeza de miras para pasar página y no azuzarnos los viejos fantasmas.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Honremos su memoria y que descansen en paz

Estaba decidida a pasar página una vez más, pero ¡qué narices! otros vienen abriendo fosas buscando a sus muertos y ahora se les añade al grupo, Baltasar Garzón, el Juez estrella de la Audiencia. Está empeñado en contabilizar desaparecidos, enterrados, ajusticiados. Aquello de “liberta, libertad, sin ira libertad”, ya no cuenta. Volvemos a levantar los fantasmas del pasado. ¡Pobres muertos, les buscan una tumba en lugar sagrado!. Un nombre en una lápida y a no les extrañe que inscriban caído por Negrín y la Pasionaria.

Ya sé que les parecerá de mal gusto pero puestos a reivindicar memoria histórica tendremos que inventar epitafios para los huesos de estos venerables antepasados que vuelven a revivir, gracias a las asociaciones de víctimas. Se ha levantado la guadaña para purificar a los rojos asesinos y convertirles en hermanos de la internacional, bondadosos anarquistas, y pacíficos republicanos. Y dale con sacar el pedigrí de demócrata, parece que eso da un plus de autenticidad que adolece en aquellos otros quienes de victoriosos pasaron a denominarse sublevados.

Cuántas mentiras nos contaron, gimen ahora los tataranietos de los ilustres “represaliados”. Todos ellos seguidores de la serie “Amar en tiempos de guerra”. El lavado histórico comenzó en la Transición y no han parado desde entonces. Estoy segura que ha Franco le han puesto el Tridente y alguno le añade el rabo del mismo Satanás. ¡Cuánto dolor acumulado!.

Las guerras son una desgracia, si encima suceden entre hermanos de sangre ya para que vamos a contar. Los pueblos civilizados han conocido contiendas fratricidas, la revolución francesa, la rusa, la guerra civil americana, Garibaldi en Italia, las guerras de independencia de los países hispanos y las del Continente africano. Todos deben tener su memoria histórica. Pero podemos acercar las fechas a otras contiendas entre hermanos, la antigua Yugoslavia nos dejó el mismo saldo de asesinatos y matanzas que en otros lugares y en otros tiempos históricos. Y eso que ya teníamos Internet para colgar vídeos reales, de matanzas reales, en tiempo real.

Está bien eso de dignificar la memoria de los muertos. Siempre que no caigamos en falacias absurdas. No es lo mismo ser juzgado por delitos de sangre que ser ajusticiado por tus ideas políticas. Pero bueno, historiadores como Ian Gibson, buscando conocer el paradero de García Lorca, nos proporcionan el número de ejecutados en las tapias del cementerio de Granada, durante los meses de julio y agosto del 36. Ahí perdí mi inocencia histórica, porque aquellos infelices que cayeron en bando nacional los primeros meses del alzamiento, no habían cogido un fusil, no fueron combatientes, fueron civiles indefensos que morían por pensar diferente, o por inquinas personales de mala gente dispuesta a aprovechar el caos de una guerra.

Quiero decir que toda la Memoria Histórica que viene haciéndose desde entonces merece el respeto de todos nosotros. Pero que no nos cuelen sapos y culebras. Y que vayan dejando de levantar monumentos fúnebres a unos y quitar lápidas de otros. Porque tan inocentes fueron unos como los otros. De manera que las víctimas de miles de Iglesias cuyos nombres figuran inscritos por Dios y por España, tendrían que quedar junto a los que cayeron por España y sus creencias. Así, a la par, unos junto a otros, muertos de ambos bandos, civiles igualmente que cayeron de manera injusta y vil.

Así descansan en el Valle de los Caídos combatientes de ambos bandos. Pues de igual modo honremos a los muertos civiles de ambos bandos y cerremos de una vez por todas la herida que aún sigue sangrando. Se admiten sugerencias para que todas las víctimas puedan descansar en paz. Y los vivos honremos su memoria con independencia de la zona donde les pilló la muerte.

Honremos su memoria y que descansen en paz

Estaba decidida a pasar página una vez más, pero ¡qué narices! otros vienen abriendo fosas buscando a sus muertos y ahora se les añade al grupo, Baltasar Garzón, el Juez estrella de la Audiencia. Está empeñado en contabilizar desaparecidos, enterrados, ajusticiados. Aquello de “liberta, libertad, sin ira libertad”, ya no cuenta. Volvemos a levantar los fantasmas del pasado. ¡Pobres muertos, les buscan una tumba en lugar sagrado!. Un nombre en una lápida y a no les extrañe que inscriban caído por Negrín y la Pasionaria.

Ya sé que les parecerá de mal gusto pero puestos a reivindicar memoria histórica tendremos que inventar epitafios para los huesos de estos venerables antepasados que vuelven a revivir, gracias a las asociaciones de víctimas. Se ha levantado la guadaña para purificar a los rojos asesinos y convertirles en hermanos de la internacional, bondadosos anarquistas, y pacíficos republicanos. Y dale con sacar el pedigrí de demócrata, parece que eso da un plus de autenticidad que adolece en aquellos otros quienes de victoriosos pasaron a denominarse sublevados.

Cuántas mentiras nos contaron, gimen ahora los tataranietos de los ilustres “represaliados”. Todos ellos seguidores de la serie “Amar en tiempos de guerra”. El lavado histórico comenzó en la Transición y no han parado desde entonces. Estoy segura que ha Franco le han puesto el Tridente y alguno le añade el rabo del mismo Satanás. ¡Cuánto dolor acumulado!.

Las guerras son una desgracia, si encima suceden entre hermanos de sangre ya para que vamos a contar. Los pueblos civilizados han conocido contiendas fratricidas, la revolución francesa, la rusa, la guerra civil americana, Garibaldi en Italia, las guerras de independencia de los países hispanos y las del Continente africano. Todos deben tener su memoria histórica. Pero podemos acercar las fechas a otras contiendas entre hermanos, la antigua Yugoslavia nos dejó el mismo saldo de asesinatos y matanzas que en otros lugares y en otros tiempos históricos. Y eso que ya teníamos Internet para colgar vídeos reales, de matanzas reales, en tiempo real.

Está bien eso de dignificar la memoria de los muertos. Siempre que no caigamos en falacias absurdas. No es lo mismo ser juzgado por delitos de sangre que ser ajusticiado por tus ideas políticas. Pero bueno, historiadores como Ian Gibson, buscando conocer el paradero de García Lorca, nos proporcionan el número de ejecutados en las tapias del cementerio de Granada, durante los meses de julio y agosto del 36. Ahí perdí mi inocencia histórica, porque aquellos infelices que cayeron en bando nacional los primeros meses del alzamiento, no habían cogido un fusil, no fueron combatientes, fueron civiles indefensos que morían por pensar diferente, o por inquinas personales de mala gente dispuesta a aprovechar el caos de una guerra.

Quiero decir que toda la Memoria Histórica que viene haciéndose desde entonces merece el respeto de todos nosotros. Pero que no nos cuelen sapos y culebras. Y que vayan dejando de levantar monumentos fúnebres a unos y quitar lápidas de otros. Porque tan inocentes fueron unos como los otros. De manera que las víctimas de miles de Iglesias cuyos nombres figuran inscritos por Dios y por España, tendrían que quedar junto a los que cayeron por España y sus creencias. Así, a la par, unos junto a otros, muertos de ambos bandos, civiles igualmente que cayeron de manera injusta y vil.

Así descansan en el Valle de los Caídos combatientes de ambos bandos. Pues de igual modo honremos a los muertos civiles de ambos bandos y cerremos de una vez por todas la herida que aún sigue sangrando. Se admiten sugerencias para que todas las víctimas puedan descansar en paz. Y los vivos honremos su memoria con independencia de la zona donde les pilló la muerte.

viernes, 29 de agosto de 2008

Protestas por el próximo funeral solemne de las víctimas de Barajas



Hemos entrado en la guerra de comunicados. La alianza evangélica protesta formalmente porque se oficie un funeral de Estado católico el próximo día 1 con motivo de la tragedia de Barajas. También tenemos noticia de que algunas personas, tras cinco minutos de silencio que se guardaron en la madrileña plaza de Cibeles, pidieron que se celebre un funeral de Estado laico. Hay que reconocer que tienen en parte razón, había al menos un protestante evangélico, y seguramente dos o tres víctimas de otras confesiones. De manera que deben considerar un abuso la aplastante mayoría de católicos que han fallecido, entre otras cosas pensarán que muchos de ellos seguramente no eran católicos practicantes.

Bien, queda en evidencia que los laicistas tienen como apoyo a sus pretensiones de oficiar ceremonias laicas a todo tipo de creyentes no católicos. Está claro, de lo que se trata es que “hay quien ni come ni deja comer”. No vamos a vaticinar como desean despedir a sus víctimas los familiares de las mismas. Los habrá que recurran a la iglesia, porque esa es la práctica habitual con miles de difuntos. Y puede que alguno, pase olímpicamente de asistir a ninguna despedida. Bastante dolor habrán soportado como para añadir el peso de un acto que sin fe, no palia para nada el duelo.

Sin embargo, lo cierto es que la tragedia afecta a toda la ciudadanía. Afecta al Estado como institución. Y le duela a quien le duela, la mayoría de los ciudadanos españoles es de confesión católica, de manera que se decide por parte de las autoridades una ceremonia religiosa, como ha venido siendo habitual. Es evidente que podrán asistir familiares de las víctimas y muchas decidirán no estar presentes por motivos religiosos o personales. No se trata ahora de las creencias de las víctimas, sino de un acto religioso al que acuden los miembros del Ejecutivo como ceremonia de duelo oficial.

Al parecer las tragedias remueven el tema, y algunos se apuntan a hacer declaraciones en este sentido. He procurado mantenerme en silencio porque me abruma que se explote de modo sensacionalista el dolor de los demás. Me he sumado a las oraciones por el eterno descanso de las víctimas y el consuelo de sus familiares. Y me es indiferente que fueran católicos, evangélicos, musulmanes o animistas. Para mí el duelo se supera con la confianza puesta en Cristo, y deseo que las oraciones de miles de creyentes palien al menos algo del dolor que en estos momentos trágicos viven muchas familias.

Creo que el cardenal de Madrid, puede y debe hacer un funeral en memoria de las víctimas; si el Estado en consideración a la mayoría católica de los fieles apuesta por la ceremonia religiosa, el respeto hacia el duelo debiera hacer callar las voces disidentes. Pueden manifestar su contrariedad, como de hecho están haciendo, pero resulta bastante mezquino de su parte. Al parecer se quiere poner en el mismo rasero todas las creencias, sin que se considere la realidad histórica española y sus raíces católicas. Puede que el futuro nos depare esta situación, que la fe desaparezca de la mayor parte de los habitantes de España, eso sólo Dios lo sabe. Pero hoy por hoy, los católicos siguen siendo mayoría. Y resumo una triste realidad que he leído no hace mucho: En una ocasión, durante un vuelo, el sacerdote católico y su acompañante entablaron una conversación. Éste le dijo al sacerdote, “padre yo y mi familia somos muy creyentes”. El sacerdote exclamó: “¿entonces tendrán por costumbre rezar alguna oración juntos?”. A lo que repuso su acompañante: “padre, somos creyentes pero no fanáticos”.

El bochorno que produce este tipo de actitudes, no evita que la mayor parte de la ciudadanía lo viva así. De manera que cuando llega el momento del adiós, la mayoría optan por la ceremonia religiosa. Son datos que hoy por hoy, siguen siendo estadísticamente mayoritarios. Otra cosa es el hecho de que también se esté pensando por parte de las funerarias, en aquellas personas que no profesan ninguna confesión religiosa, de manera que ofrezcan una sencilla despedida. El tiempo se encargará de poner a cada uno en su lugar. También a los creyentes, porque hoy más que nunca ser católico y manifestar la fe es ya una rareza para muchos

Protestas por el próximo funeral solemne de las víctimas de Barajas



Hemos entrado en la guerra de comunicados. La alianza evangélica protesta formalmente porque se oficie un funeral de Estado católico el próximo día 1 con motivo de la tragedia de Barajas. También tenemos noticia de que algunas personas, tras cinco minutos de silencio que se guardaron en la madrileña plaza de Cibeles, pidieron que se celebre un funeral de Estado laico. Hay que reconocer que tienen en parte razón, había al menos un protestante evangélico, y seguramente dos o tres víctimas de otras confesiones. De manera que deben considerar un abuso la aplastante mayoría de católicos que han fallecido, entre otras cosas pensarán que muchos de ellos seguramente no eran católicos practicantes.

Bien, queda en evidencia que los laicistas tienen como apoyo a sus pretensiones de oficiar ceremonias laicas a todo tipo de creyentes no católicos. Está claro, de lo que se trata es que “hay quien ni come ni deja comer”. No vamos a vaticinar como desean despedir a sus víctimas los familiares de las mismas. Los habrá que recurran a la iglesia, porque esa es la práctica habitual con miles de difuntos. Y puede que alguno, pase olímpicamente de asistir a ninguna despedida. Bastante dolor habrán soportado como para añadir el peso de un acto que sin fe, no palia para nada el duelo.

Sin embargo, lo cierto es que la tragedia afecta a toda la ciudadanía. Afecta al Estado como institución. Y le duela a quien le duela, la mayoría de los ciudadanos españoles es de confesión católica, de manera que se decide por parte de las autoridades una ceremonia religiosa, como ha venido siendo habitual. Es evidente que podrán asistir familiares de las víctimas y muchas decidirán no estar presentes por motivos religiosos o personales. No se trata ahora de las creencias de las víctimas, sino de un acto religioso al que acuden los miembros del Ejecutivo como ceremonia de duelo oficial.

Al parecer las tragedias remueven el tema, y algunos se apuntan a hacer declaraciones en este sentido. He procurado mantenerme en silencio porque me abruma que se explote de modo sensacionalista el dolor de los demás. Me he sumado a las oraciones por el eterno descanso de las víctimas y el consuelo de sus familiares. Y me es indiferente que fueran católicos, evangélicos, musulmanes o animistas. Para mí el duelo se supera con la confianza puesta en Cristo, y deseo que las oraciones de miles de creyentes palien al menos algo del dolor que en estos momentos trágicos viven muchas familias.

Creo que el cardenal de Madrid, puede y debe hacer un funeral en memoria de las víctimas; si el Estado en consideración a la mayoría católica de los fieles apuesta por la ceremonia religiosa, el respeto hacia el duelo debiera hacer callar las voces disidentes. Pueden manifestar su contrariedad, como de hecho están haciendo, pero resulta bastante mezquino de su parte. Al parecer se quiere poner en el mismo rasero todas las creencias, sin que se considere la realidad histórica española y sus raíces católicas. Puede que el futuro nos depare esta situación, que la fe desaparezca de la mayor parte de los habitantes de España, eso sólo Dios lo sabe. Pero hoy por hoy, los católicos siguen siendo mayoría. Y resumo una triste realidad que he leído no hace mucho: En una ocasión, durante un vuelo, el sacerdote católico y su acompañante entablaron una conversación. Éste le dijo al sacerdote, “padre yo y mi familia somos muy creyentes”. El sacerdote exclamó: “¿entonces tendrán por costumbre rezar alguna oración juntos?”. A lo que repuso su acompañante: “padre, somos creyentes pero no fanáticos”.

El bochorno que produce este tipo de actitudes, no evita que la mayor parte de la ciudadanía lo viva así. De manera que cuando llega el momento del adiós, la mayoría optan por la ceremonia religiosa. Son datos que hoy por hoy, siguen siendo estadísticamente mayoritarios. Otra cosa es el hecho de que también se esté pensando por parte de las funerarias, en aquellas personas que no profesan ninguna confesión religiosa, de manera que ofrezcan una sencilla despedida. El tiempo se encargará de poner a cada uno en su lugar. También a los creyentes, porque hoy más que nunca ser católico y manifestar la fe es ya una rareza para muchos

viernes, 22 de agosto de 2008

En China los mendigos también dan mala imagen


Estos días de canícula estival, las noches se vuelven insoportables para quien no disponga de refrigeración. El mes de agosto nos está dejando unos días y noches insufribles con ese calor pegajoso del mediterráneo que se adhiere a la piel. Por eso lo más frecuente es prolongar las noches, salir a una terraza o ir al cine de verano, de manera que el regreso a casa permita descansar al cuerpo.

He estado en la filmoteca, todos los veranos reponen películas que forman parte de la historia de la cinematografía. Me refiero a “Los viajes de Sullivan”, una obra donde la miseria y la fastuosidad se unen de manera surrealista. El director de cine Sullivan, un multimillonario ocupado en rodar comedias, considera que en un país inmerso en la segunda guerra mundial, hay que presentar vidas reales, hacer pensar a la gente, y decide vivir como un vagabundo para conocer de primera mano en qué consiste la pobreza. Diez dólares y un disfraz de menesteroso le llevan a vivir aventura tras aventura, hasta llegar a ser condenado a trabajos forzados.

Una buena película de Preston Sturges, con guión del mismo director y la presencia de Joel MoCrea y Verónica Lake, junto a unos secundarios del cine de los cuarenta imprescindibles.La película combina perfectamente la magia de Hollywood y la miseria de la América profunda.
Mientras veía la película donde la mendicidad llega a extremos de indignidad, no dejaba de pensar en las medidas que Italia reserva para sus ciudades turísticas, prohibición absoluta de mendigar. Parece que la pobreza debe esconderse a los ojos consumistas del viajero. Pero la realidad de los restaurantes de muchos tenedores es que fuera, al lado de sus contenedores, esperan con paciencia aquellos que no tienen para comer.

Muchas de las casas de misericordia que acogen a los sin techos subsisten gracias a aquellos productos semicaducados de las grandes superficies comerciales. Y a sus entradas siempre encuentras alguien que espera recibir ayuda. En nuestras iglesias sucede otro tanto, allí a la espera de la misericordia ajena llegan los mendigos extendiendo la mano.

En Italia las ciudades de Verona, Venecia, Florencia y Trieste, prohíben la mendicidad y el presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, el cardenal Renato Martino, ha calificado de "inaceptable" la prohibición de mendigar. Para el prelado, pedir limosna "es un derecho humano fundamental” cuando se tiene hambre y frío. Es el derecho del pobre a buscar un trozo de pan o también pedir ayuda al prójimo para despertar en él un sentimiento de humanidad".

No me sorprende que Italia ande con esas estrategias de “cara a la galería” y no dejo de recordar que ayer se iniciaban los fastuosos Juegos Olímpicos en China, con las mismas medidas, desterrar la miseria de los ojos de los extranjeros. Vender la fachada del progreso y el auge económico, suprimir la contaminación ambiental cerrando determinadas fábricas. Todo con objeto de dar buena imagen. Estamos en la época de la publicidad, donde todo se compra y se vende según el impacto que se reciba. La calidad, la verdad, son secundarias. Continuemos por tanto en el “mundo feliz” que nos ofrece la precaria interculturalidad por unos días, a cuenta de los dichosos juegos, mientras millones de seres humanos siguen rebuscando en los contenedores de los restaurantes y durmiendo debajo de los puentes de las ciudades.

En definitiva seguimos la estética de “los viajes de Sullivan” pero a la inversa. Ahora se trata de aparentar aquello que no existe en la realidad, la competición olimpica en un país que sigue ejecutando a sus disidentes y prohibiendo la libertad de culto, bien vale cerrar los ojos por unos cuantos millones de inversión a consta del pueblo chino.