lunes, 5 de enero de 2009

La Epifanía, adoración al Rey de reyes, que ustedes lo disfruten



Hoy está todo el mundo de compras; los comercios abiertos hasta horas intempestivas; los niños nerviosos por el acontecimiento de la llegada de los Reyes Magos desde Oriente. Algunos se preguntan que porqué no llegan antes, justo al mismo tiempo que el gordinflón de Papá Noel, todo para poder disfrutar de esos regalos que tan ansiosamente esperan.
A los mayores también les gustan los regalos y algunos se dedican a recorrer comercios en un derroche de generosidad. Y aunque les digas que lo importante no es el regalo sino la misma persona que regala, no terminan de creerlo. Digo yo que a los más mayores les gustan tanto los Reyes como a los pequeños, sólo por el hecho de que se acuerden de ellos en una fecha tan señalada.
Pues bien, la historia de los Reyes Magos lleva tras de sí la huella del escepticismo de muchos lectores de la Biblia. Les suena a camelo que observadores de estrellas decidiesen emprender un largo camino para adorar al Niño Dios. Googleando se encuentran las explicaciones más curiosas e inverosímiles sobre esta lejana tradición cristiana. Si quieren lo dejamos todo en la adoración de la Epifanía o manifestación de Dios a los hombres. Si eran tres o magos, no parece tan claro. Lo cierto es que los regalos al Niño Dios, tenían una profunda carga simbólica: el incienso, el oro y la mirra.
Otra de las curiosidades es atribuirles el estudio de los astros, convertirlos en astrólogos, una peculiar materia que estudia el movimiento de los planetas y atribuye a la posición de los mismos determinadas influencias. Para la Iglesia el estudio de los astros, y por ende de la astronomía, es perfectamente compatible. En el Vaticano hay especialistas en esta ciencia. Lo que consideran incompatible es la astrología en el sentido de adivinación.
Quien investigue sobre esta peculiar disciplina descubrirá que son miles las personas que nacen con el mismo mapa estelar, sin que tengan nada en común, salvo la edad. Lo que echa por tierra los vaticinios futuros basados en el movimiento de los planetas. Aunque bien es verdad que por sí misma la disciplina nos muestra la influencia de los cuatro elementos: el agua, la tierra, el aire y el fuego. Cada planeta es regente en uno de esos elementos en cada signo astrológico y, en cierto modo la tipología se asemeja a la clasificación que muchos años después atribuyó la psicología a la personalidad.
De manera que apasionados, flemáticos, sanguíneos y nerviosos, tienen en común muchas de esas características según la posición de los astros. Lo que serviría para atribuir a la astrología, el primer estudio serio sobre las diferentes personalidades del ser humano, sin que necesariamente tenga nada que ver el movimiento de los astros en la determinación de los sucesos que se tienen que vivir. Puesto que el libre albedrío imposibilita que frente a un mismo suceso se responda de la misma manera. Y todo el mundo sabe que una cosa son las influencias externas y otra la respuesta personal, libre e intransferible por la gracia de Dios.
Visto así, no creo que la Iglesia desprecie la astrología, sino más bien advierte que la adivinación, es una práctica que va contra las enseñanzas de la Iglesia, bien sea a través de la baraja o del mapa estelar del sujeto. Pues bien, la víspera de la llegada de esos magos, cuya palabra no significa que fueran capaces de hacer juegos malabares sino que se refiere a que eran sabios o estudiosos, conviene llevar encima el espíritu de adoración.
Porque lo cierto es que el Niño Dios, el Rey de Reyes, nació en un pequeño establo de una pequeña ciudad, como si quisiera manifestar que cualquier ser humano por humilde que sea su condición es una criatura amada de Dios, quien no se deja guiar por las apariencias mundanas.
Así que una vez más tenemos motivos para recitar el Credo, y en esta ocasión al completo: Creo en Dios Padre todopoderoso,creador del cielo y de la tierra.Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. Fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de la Virgen Maria. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.Fue crucificado, muerto y sepultado.Descendió a los infiernos.Al tercer día resucitó de entre los muertos.Subió a los cielos, y está sentado a la diestra de Dios Padre. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica,la comunión de los santos, el perdón de los pecados,la resurrección de los muertos, y la vida eterna. Amén

La Epifanía, adoración al Rey de reyes, que ustedes lo disfruten



Hoy está todo el mundo de compras; los comercios abiertos hasta horas intempestivas; los niños nerviosos por el acontecimiento de la llegada de los Reyes Magos desde Oriente. Algunos se preguntan que porqué no llegan antes, justo al mismo tiempo que el gordinflón de Papá Noel, todo para poder disfrutar de esos regalos que tan ansiosamente esperan.
A los mayores también les gustan los regalos y algunos se dedican a recorrer comercios en un derroche de generosidad. Y aunque les digas que lo importante no es el regalo sino la misma persona que regala, no terminan de creerlo. Digo yo que a los más mayores les gustan tanto los Reyes como a los pequeños, sólo por el hecho de que se acuerden de ellos en una fecha tan señalada.
Pues bien, la historia de los Reyes Magos lleva tras de sí la huella del escepticismo de muchos lectores de la Biblia. Les suena a camelo que observadores de estrellas decidiesen emprender un largo camino para adorar al Niño Dios. Googleando se encuentran las explicaciones más curiosas e inverosímiles sobre esta lejana tradición cristiana. Si quieren lo dejamos todo en la adoración de la Epifanía o manifestación de Dios a los hombres. Si eran tres o magos, no parece tan claro. Lo cierto es que los regalos al Niño Dios, tenían una profunda carga simbólica: el incienso, el oro y la mirra.
Otra de las curiosidades es atribuirles el estudio de los astros, convertirlos en astrólogos, una peculiar materia que estudia el movimiento de los planetas y atribuye a la posición de los mismos determinadas influencias. Para la Iglesia el estudio de los astros, y por ende de la astronomía, es perfectamente compatible. En el Vaticano hay especialistas en esta ciencia. Lo que consideran incompatible es la astrología en el sentido de adivinación.
Quien investigue sobre esta peculiar disciplina descubrirá que son miles las personas que nacen con el mismo mapa estelar, sin que tengan nada en común, salvo la edad. Lo que echa por tierra los vaticinios futuros basados en el movimiento de los planetas. Aunque bien es verdad que por sí misma la disciplina nos muestra la influencia de los cuatro elementos: el agua, la tierra, el aire y el fuego. Cada planeta es regente en uno de esos elementos en cada signo astrológico y, en cierto modo la tipología se asemeja a la clasificación que muchos años después atribuyó la psicología a la personalidad.
De manera que apasionados, flemáticos, sanguíneos y nerviosos, tienen en común muchas de esas características según la posición de los astros. Lo que serviría para atribuir a la astrología, el primer estudio serio sobre las diferentes personalidades del ser humano, sin que necesariamente tenga nada que ver el movimiento de los astros en la determinación de los sucesos que se tienen que vivir. Puesto que el libre albedrío imposibilita que frente a un mismo suceso se responda de la misma manera. Y todo el mundo sabe que una cosa son las influencias externas y otra la respuesta personal, libre e intransferible por la gracia de Dios.
Visto así, no creo que la Iglesia desprecie la astrología, sino más bien advierte que la adivinación, es una práctica que va contra las enseñanzas de la Iglesia, bien sea a través de la baraja o del mapa estelar del sujeto. Pues bien, la víspera de la llegada de esos magos, cuya palabra no significa que fueran capaces de hacer juegos malabares sino que se refiere a que eran sabios o estudiosos, conviene llevar encima el espíritu de adoración.
Porque lo cierto es que el Niño Dios, el Rey de Reyes, nació en un pequeño establo de una pequeña ciudad, como si quisiera manifestar que cualquier ser humano por humilde que sea su condición es una criatura amada de Dios, quien no se deja guiar por las apariencias mundanas.
Así que una vez más tenemos motivos para recitar el Credo, y en esta ocasión al completo: Creo en Dios Padre todopoderoso,creador del cielo y de la tierra.Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. Fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de la Virgen Maria. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.Fue crucificado, muerto y sepultado.Descendió a los infiernos.Al tercer día resucitó de entre los muertos.Subió a los cielos, y está sentado a la diestra de Dios Padre. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica,la comunión de los santos, el perdón de los pecados,la resurrección de los muertos, y la vida eterna. Amén

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Réquiem por Oriente Medio



Estamos a un paso de la Jornada Mundial por la Paz, que desde hace mucho celebramos el primer día de enero. Oraremos por la paz en el mundo, mientras las bombas siguen cayendo en la Tierra que vio nacer a Jesús. Es un conflicto que dura más de sesenta años, con sus oscilaciones y treguas rotas. Como la de este final de año en la que los terroristas de Hamás siguen utilizando a los civiles palestinos como escudos humanos.

Es un territorio que poco a poco se va despoblando de habitantes cristianos porque unos u otros les hacen imposible vivir.El sufrido pueblo palestino está en manos de los violentos y así poco a poco en una espiral cada vez más sangrienta nos sacuden el rostro en estas festividades tan significativas para los cristianos. ¿Es casualidad o cálculo predeterminado?.

Si así fuera, que Dios recoja el lamento de sus hijos, de esos inocentes sacrificados a intereses ocultos. La paz es posible, siempre es posible, salvo cuando está en manos de asesinos sin escrúpulos dispuestos a sacrificar la vida de otros para reavivar el odio. No le niego a Israel su grado de crueldad, en las guerras no hay buenos y malos. Eso solo pasa en las películas, en las guerras sólo hay víctimas de un lado u otro. Son los Santos Inocentes de cada contienda, que su sangre sea la última que se derrame.

No tengo palabras, porque me faltan elementos de juicio. Siento simpatía hacia todo ser humano, con independencia de su sexo, raza o religión. Sólo me caen mal quienes están dispuestos a enfrentar a unos y otros. Por eso yo me inclino del lado de los no violentos y en ese preciso momento me convierto en víctima de unos o de otros. Ese es el destino de los pacíficos, ser inmolados como lo fue Cristo en la cruz.

Y sin embargo existe la guerra justa, lo difícil es saber dónde se esconde esa justicia, de parte de quién está. Lo más socorrido es lamentarse echando la culpa a uno u otros. ¿Por qué no salimos todos a la calle protestando por esos horribles bombardeos israelíes, y esos misiles asesinos lanzados por Hamás?.
Si no hay voluntad de negociación, la legítima defensa está justificada. Pero Dios me libre de saber de qué lado se inclina la balanza. No tengo ni la menor idea. Son demasiados años enfrentados y muchas las víctimas de ambos lados. Guerras, paz, vuelta a la guerra, vuelta a la paz, atentados selectivos, misiles de largo alcance. ¿Qué otra cosa podemos hacer que rezar para que vuelva la paz?.

No es poco recordar el goteo de guerras enquistadas en tantas y tantas zonas del globo. África se desangra con sus luchas tribales manejadas por intereses ocultos a favor de sus riquezas minerales. Afganistán se mantiene por la codicia de los poderosos que utilizan la droga que cultivan en sus campos. Y así podríamos recorrer uno a uno cada continente, salpicado aquí o allá de lágrimas inocentes.

Parece fácil decir que pare la guerra. Es bonito salir clamando por la paz. Lo difícil es dejar de empuñar el fusil cuando otros azuzan el odio. Y las estrategias de las guerrillas actuales parece que van en esa dirección a una guerra selectiva, rocambolesca, que mantiene entretenidos a los poderosos manejando el tablero de ajedrez.

Aquí sabemos de esas manipulaciones porque también tenemos terroristas que hacen imposible la paz entre hermanos. Que siguen dispuestos a encender la mecha. Y todos aquellos que se empeñan en sacudir al otro con fuego, dejando el diálogo y las urnas, merecen ser desterrados al valle de tinieblas. ¡Que Dios nos proteja de esos asesinos!.

Réquiem por Oriente Medio



Estamos a un paso de la Jornada Mundial por la Paz, que desde hace mucho celebramos el primer día de enero. Oraremos por la paz en el mundo, mientras las bombas siguen cayendo en la Tierra que vio nacer a Jesús. Es un conflicto que dura más de sesenta años, con sus oscilaciones y treguas rotas. Como la de este final de año en la que los terroristas de Hamás siguen utilizando a los civiles palestinos como escudos humanos.

Es un territorio que poco a poco se va despoblando de habitantes cristianos porque unos u otros les hacen imposible vivir.El sufrido pueblo palestino está en manos de los violentos y así poco a poco en una espiral cada vez más sangrienta nos sacuden el rostro en estas festividades tan significativas para los cristianos. ¿Es casualidad o cálculo predeterminado?.

Si así fuera, que Dios recoja el lamento de sus hijos, de esos inocentes sacrificados a intereses ocultos. La paz es posible, siempre es posible, salvo cuando está en manos de asesinos sin escrúpulos dispuestos a sacrificar la vida de otros para reavivar el odio. No le niego a Israel su grado de crueldad, en las guerras no hay buenos y malos. Eso solo pasa en las películas, en las guerras sólo hay víctimas de un lado u otro. Son los Santos Inocentes de cada contienda, que su sangre sea la última que se derrame.

No tengo palabras, porque me faltan elementos de juicio. Siento simpatía hacia todo ser humano, con independencia de su sexo, raza o religión. Sólo me caen mal quienes están dispuestos a enfrentar a unos y otros. Por eso yo me inclino del lado de los no violentos y en ese preciso momento me convierto en víctima de unos o de otros. Ese es el destino de los pacíficos, ser inmolados como lo fue Cristo en la cruz.

Y sin embargo existe la guerra justa, lo difícil es saber dónde se esconde esa justicia, de parte de quién está. Lo más socorrido es lamentarse echando la culpa a uno u otros. ¿Por qué no salimos todos a la calle protestando por esos horribles bombardeos israelíes, y esos misiles asesinos lanzados por Hamás?.
Si no hay voluntad de negociación, la legítima defensa está justificada. Pero Dios me libre de saber de qué lado se inclina la balanza. No tengo ni la menor idea. Son demasiados años enfrentados y muchas las víctimas de ambos lados. Guerras, paz, vuelta a la guerra, vuelta a la paz, atentados selectivos, misiles de largo alcance. ¿Qué otra cosa podemos hacer que rezar para que vuelva la paz?.

No es poco recordar el goteo de guerras enquistadas en tantas y tantas zonas del globo. África se desangra con sus luchas tribales manejadas por intereses ocultos a favor de sus riquezas minerales. Afganistán se mantiene por la codicia de los poderosos que utilizan la droga que cultivan en sus campos. Y así podríamos recorrer uno a uno cada continente, salpicado aquí o allá de lágrimas inocentes.

Parece fácil decir que pare la guerra. Es bonito salir clamando por la paz. Lo difícil es dejar de empuñar el fusil cuando otros azuzan el odio. Y las estrategias de las guerrillas actuales parece que van en esa dirección a una guerra selectiva, rocambolesca, que mantiene entretenidos a los poderosos manejando el tablero de ajedrez.

Aquí sabemos de esas manipulaciones porque también tenemos terroristas que hacen imposible la paz entre hermanos. Que siguen dispuestos a encender la mecha. Y todos aquellos que se empeñan en sacudir al otro con fuego, dejando el diálogo y las urnas, merecen ser desterrados al valle de tinieblas. ¡Que Dios nos proteja de esos asesinos!.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Los cristianos estaremos en Colón el veintiocho



Que se esté haciendo todo un montaje respecto al número de asistentes al acto que se celebrará el próximo 28 de diciembre en Colón, me parece crear vanas expectativas y sobre todo polemizar sin sentido. Los cristianos tenemos muchos motivos para unirnos en actos multitudinarios, aunque sólo sea para que se vea que esto de la fe no está tan de capa caída como algunos quieren hacer creer.

Por otra parte, hay un cierto rechazo de muchos creyentes a ser manipulados por la “extrema derecha”, dicen; o por los kikos, sugieren otros. El caso es hablar y alimentar la polémica. Si todos los años se celebrase la Sagrada Familia en una convocatoria multitudinaria, dejarían de hablar de ello. Si esto supone un dispendio económico que no está al alcance de todos y maliciosamente caemos en la trampa de que ese dinero es mejor regalarlo a los pobres, también tendrán razón. La misma que Judas cuando razonó sobre el caro perfume que se había derramado a los pies de Jesús.

Estoy convencida que estas reuniones son motivo de críticas, y sólo por eso, a mí me parece que debemos arrimar el hombro. No entro ni salgo en las celebraciones paralelas que otros obispos han convocado en sus diócesis. Que de ello se deduzca una tensión en los miembros de la Conferencia Episcopal, ya es ganas de echar leña al fuego. Si se tercia ir a Madrid, no debe ser nunca para apoyar a Rouco. ¡A quién se le ocurre!.

Lo bueno que tiene esta convocatoria, respecto a las anteriores es que no hay elecciones. De manera que la lectura política resulta más difícil de hacer. Luego está el batallón de la quinta columna azuzando al personal diciendo que esas convocatorias no representan a todos los creyentes, sino sólo a unos pocos. Pues muy mal. Cualquier convocatoria religiosa a favor de la familia cristiana, es motivo de gozo y celebración para todos los hermanos en una misma fe. Quienes intencionadamente siempre hacen otras lecturas más políticas, deberían revisar sus esquemas. Porque a favor de la Iglesia como pueblo de Dios, no van precisamente.

Pero eso ya es de dominio público para quien visita estas páginas. Y va siendo hora de perder esas clasificaciones de progres y ortodoxos; de conservadores y progresistas, porque al único Señor que tenemos que servir es a Jesucristo y lo demás es seguir el juego a quienes más que unir dividen. Eso sí, hablando de un Dios misericordioso y amoroso, pero por debajo de la mesa, disparan a dar. No voy a nombrar donde se encuentran las tribus errantes. Ni voy a decir que yo soy la voz oficial de los fieles creyentes. Como algunos malintencionados dejan caer con cierta ironía.

Este espacio de religión digital es muy plural, yo diría que andamos todos revueltos y a su bola. De manera que cada blog representa exclusivamente a quien en él escribe. Y en su momento manifesté que la convocatoria tendría una lectura en clave política. Pero eso es lo de menos. Lo peligroso es que se monopolice la fe en manos de unos cuantos extremistas de un lado u otro. La iglesia es plural y según donde se mire puede estar agonizando o ser una semilla fecunda.

La mayoría de los cristianos no estaremos presentes en Colón el veintiocho de diciembre. Pero tendremos que sentir que allí se da testimonio de la fe que profesamos. Y entonces, todos los actos convocados en cada ciudad a favor de la familia, tendrán la misma lectura. Cuando se hable en los medios de comunicación de la convocatoria en Colón, lo que tendremos que hacer es precisamente hablar de tantos y tantos sitios donde se vive el mismo espíritu de manera fraterna y silenciosa. Sin grandes medios ni manifestaciones.

Pero no nos equivoquemos, nos quieren ahí, en el silencio discreto de nuestras iglesias, no en las calles. Porque en la calle dirán que somos los nacionalcatólicos. Y hay que perder las arrugas. Somos creyentes que dan testimonio de su fe y viven junto a otros una celebración litúrgica a la que tenemos derecho. Como cualquier otro grupo religioso o social que pide permiso a la autoridad para manifestar su fe o su opinión por la calle.

Así que animo a quien pueda acudir que acuda. Y el resto a rezar por la familia, como todos los años, pero especialmente por quienes se encuentren dando testimonio en Colón

Los cristianos estaremos en Colón el veintiocho



Que se esté haciendo todo un montaje respecto al número de asistentes al acto que se celebrará el próximo 28 de diciembre en Colón, me parece crear vanas expectativas y sobre todo polemizar sin sentido. Los cristianos tenemos muchos motivos para unirnos en actos multitudinarios, aunque sólo sea para que se vea que esto de la fe no está tan de capa caída como algunos quieren hacer creer.

Por otra parte, hay un cierto rechazo de muchos creyentes a ser manipulados por la “extrema derecha”, dicen; o por los kikos, sugieren otros. El caso es hablar y alimentar la polémica. Si todos los años se celebrase la Sagrada Familia en una convocatoria multitudinaria, dejarían de hablar de ello. Si esto supone un dispendio económico que no está al alcance de todos y maliciosamente caemos en la trampa de que ese dinero es mejor regalarlo a los pobres, también tendrán razón. La misma que Judas cuando razonó sobre el caro perfume que se había derramado a los pies de Jesús.

Estoy convencida que estas reuniones son motivo de críticas, y sólo por eso, a mí me parece que debemos arrimar el hombro. No entro ni salgo en las celebraciones paralelas que otros obispos han convocado en sus diócesis. Que de ello se deduzca una tensión en los miembros de la Conferencia Episcopal, ya es ganas de echar leña al fuego. Si se tercia ir a Madrid, no debe ser nunca para apoyar a Rouco. ¡A quién se le ocurre!.

Lo bueno que tiene esta convocatoria, respecto a las anteriores es que no hay elecciones. De manera que la lectura política resulta más difícil de hacer. Luego está el batallón de la quinta columna azuzando al personal diciendo que esas convocatorias no representan a todos los creyentes, sino sólo a unos pocos. Pues muy mal. Cualquier convocatoria religiosa a favor de la familia cristiana, es motivo de gozo y celebración para todos los hermanos en una misma fe. Quienes intencionadamente siempre hacen otras lecturas más políticas, deberían revisar sus esquemas. Porque a favor de la Iglesia como pueblo de Dios, no van precisamente.

Pero eso ya es de dominio público para quien visita estas páginas. Y va siendo hora de perder esas clasificaciones de progres y ortodoxos; de conservadores y progresistas, porque al único Señor que tenemos que servir es a Jesucristo y lo demás es seguir el juego a quienes más que unir dividen. Eso sí, hablando de un Dios misericordioso y amoroso, pero por debajo de la mesa, disparan a dar. No voy a nombrar donde se encuentran las tribus errantes. Ni voy a decir que yo soy la voz oficial de los fieles creyentes. Como algunos malintencionados dejan caer con cierta ironía.

Este espacio de religión digital es muy plural, yo diría que andamos todos revueltos y a su bola. De manera que cada blog representa exclusivamente a quien en él escribe. Y en su momento manifesté que la convocatoria tendría una lectura en clave política. Pero eso es lo de menos. Lo peligroso es que se monopolice la fe en manos de unos cuantos extremistas de un lado u otro. La iglesia es plural y según donde se mire puede estar agonizando o ser una semilla fecunda.

La mayoría de los cristianos no estaremos presentes en Colón el veintiocho de diciembre. Pero tendremos que sentir que allí se da testimonio de la fe que profesamos. Y entonces, todos los actos convocados en cada ciudad a favor de la familia, tendrán la misma lectura. Cuando se hable en los medios de comunicación de la convocatoria en Colón, lo que tendremos que hacer es precisamente hablar de tantos y tantos sitios donde se vive el mismo espíritu de manera fraterna y silenciosa. Sin grandes medios ni manifestaciones.

Pero no nos equivoquemos, nos quieren ahí, en el silencio discreto de nuestras iglesias, no en las calles. Porque en la calle dirán que somos los nacionalcatólicos. Y hay que perder las arrugas. Somos creyentes que dan testimonio de su fe y viven junto a otros una celebración litúrgica a la que tenemos derecho. Como cualquier otro grupo religioso o social que pide permiso a la autoridad para manifestar su fe o su opinión por la calle.

Así que animo a quien pueda acudir que acuda. Y el resto a rezar por la familia, como todos los años, pero especialmente por quienes se encuentren dando testimonio en Colón

sábado, 20 de diciembre de 2008

Se aproxima el día de la Sagrada Familia en Madrid


Se aproxima la fecha en la que el cardenal Rouco ha convocado a las familias cristianas en Madrid. Un acto público, pero litúrgico. Una manifestación de fe a la que se sumarán otros obispos y gente de toda España. Creo que la convocatoria está bien planteada. La fecha es la adecuada, coincide con la Sagrada Familia. Y si algo tenemos claro los cristianos es que celebrar la familia en Navidad, precisamente es dar gracias por todo lo bueno que de ella recibimos.

La familia cristiana cuando se vive el matrimonio como Sacramento, tiene unas connotaciones que la hacen diferente a esa crisis actual en la que vive cualquier familia. Donde las separaciones y las nuevas uniones afectan a los más indefensos que son los hijos. Es frecuente encontrar hermanos de diferentes progenitores en una nueva familia. Y al final, la crisis de los padres les pasa factura a los más pequeños.

Los problemas son los mismos en cualquier familia, pero la actitud es diferente, porque también son diferentes los valores. Lo que ponemos en primer lugar siempre es el bienestar de los nuestros. De esa manera, podemos ofrecer los pequeños disgustos y malentendidos a Dios y orarlos en comunión. También nos abrimos al diálogo y al compromiso de unión que es para siempre, por eso hay que luchar por ello día a día.

No es un sueño, es la realidad que viven muchas familias en la oscuridad de la vida cotidiana. Por eso hacer público un acto a favor de la familia, es dar luz a la sociedad. Naturalmente se va a politizar el tema, seguirán jugando a colocar la moral de la Iglesia como fuerza negativa para el progreso y las uniones del mismo sexo, tal y como lo hicieron hace un año. Es de esperar.

¿Qué sucede para que unos obispos se sumen al acto y otros disimulen convocando asambleas en sus respectivas diócesis?. Pués más allá de la intencionalidad de desmarcarse del acto por motivos personales, puede que incluso este juego a varias bandas sea muy positivo para el acto en sí mismo. La familia importa a todos los obispos de manera que ninguno va a ser ajeno a esa celebración festiva y religiosa que se verá coronada por una convocatoria multitudinaria. Se va a dar testimonio de la fe cristiana, donde se vive o debe vivirse con unos valores determinados, bastante alejados de lo que vemos a nuestro alrededor.

No es que se quiera moralizar a la sociedad, es sencillamente que se quiere reivindicar que la unión entre un hombre y una mujer a la luz del evangelio es un Sacramento y la única célula familiar posible. Las otras uniones y concubinatos varios, irán en aumento pero están heridos en su raíz. Porque se realizan sin una base sólida donde la unión supone crecer en comunión.

Como no puede ser de otro modo, los obispos que acudan serán evaluados afines a la línea de Rouco, la línea dura y tradicional. Así que sería muy provechoso que quienes se desmarcan del acto, dejen clara la unión pastoral con este acto. Que será bendecido por el Santo Padre. La finalidad está clara. Frente a una sociedad secularizada y hedonista, reivindicar los valores cristianos como célula de la sociedad cooperadora en su cabal desarrollo.

Las rupturas, las violencias, los divorcios, son un cáncer en la sociedad, no un mero trámite judicial. Las consecuencias de estos hechos afectan profundamente a los menores y, como es obvio, son el fruto del fracaso de sus progenitores incapaces de superar los propios egoísmos y sus diferencias. De manera que puestos a analizar el acto, más que buscar una orientación política lo que se tiene que destacar es un componente moral muy claro. Y a él deben sumarse otras confesiones dispuestas a defender los valores de la familia cristiana. Espero que sea un éxito y que produzca frutos espirituales, que son los que más nos importan